jueves, 29 de febrero de 2024

EL COMETA DIABLO (JAJAJA)


 Si el Cometa Diablo es tan feroz como esta imagen del antagonista de Dios, estamos salvados.

No soy de los que me gusta marcar diferencias entre los que sabemos de astronomía y los que no. Hay un grupo de aficionados, en su mayoría divulgadores, que hacen de su vida una cruzada contra los “ignorantes” en las redes sociales (el terraplanismo suele ser su adversario más frecuente y fácil). Muchos son de buena fe, pero otros son impulsados por sus deseos de mostrar lo que saben. Por esto, no me molestan especialmente las burradas ni de las redes ni de los periodistas cuando hablan de fenómenos astronómicos, y esto no es una crítica de fondo sino una nota divertida sobre la fascinación que siguen ejerciendo los cometas. Es el caso del cometa 12P Pons-Brooks, uno de los cometas más esperados del 2024, incluso para los que no observan, en este caso, esperado como “Cometa Diablo”. ¿No han leído innumerables notas sobre este cometa monstruoso que se acerca a la Tierra? Elegí la primera que me salió en el buscador, y me pareció súper graciosa. Acá van algunas perlitas:

Primero y principal, ¿de donde sacaron que el cometa Pons-Brooks se llama “Diablo”?

“El Cometa Diablo ha capturado la atención mundial debido a su insólita estela rojiza” ¿Cuál estela rojiza? Busquen fotos en la web del 12P y vean si la encuentran…

“ha generado un interés excepcional tanto en la comunidad científica como en el ámbito cultural” El interés que ha generado es el de todos los cometas de cierta magnitud en el “ la comunidad científica”, si encuentran repercusión en “el ámbito cultural”, me encantaría conocerlas…

“pasará cerca de la Tierra, un evento astronómico notable que no requerirá de telescopios para su observación. Este fenómeno permitirá que el cometa sea visible a simple vista gracias a su proximidad con nuestro planeta” ¿Qué entiende el lector promedio? Una especie de Halley en 1910, cuando tendremos suerte si alcanza magnitud 0 o 1 y se verá como una manchita diminuta solamente en cielos muy oscuros.

“su luminosidad incomparable”: hubo y habrá miles de cometas más brillantes.

“En el plano cultural y espiritual, la aparición de cometas ha sido interpretada desde tiempos antiguos como presagios o mensajes de los dioses. La representación del Cometa Diablo no ha sido la excepción, dejando una huella significativa en diversas tradiciones y creencias” Así, en negrita. Ahora bien, el cometa fue descubierto en 1812, tiene una órbita de 71 años, por lo que solamente ha tenido 4 apariciones en la Tierra, y la segunda en 1883 se pensó que era un cometa independiente, por lo que es imposible que haya tenido influencia alguna como cometa independiente. Claro que los cometas tienen influencia cultural, pero como fenómeno general, no como cometas en particular. Pensemos que recién hace pocos siglos se sabe que los cometas retornan periódicamente. Por ello, nunca puede  tener “presencia en el arte antiguo”.

“A su vez, en la esfera espiritual, diferentes comunidades y movimientos han visto en el cometa una señal de renovación o cambio trascendental, reforzando la conexión entre el cosmos y la esencia humana (…) insta a reflexionar sobre nuestra posición en el vasto universo y nuestra búsqueda continua de respuestas ante lo desconocido. La convergencia de ciencia, cultura y espiritualidad en torno al Cometa Diablo demuestra el poder de los fenómenos celestes para unir distintos aspectos de la experiencia humana” Sobre esto, ¡qué puedo decir!

Bien, esta nota, publicada en Infobae (medio argentino) prueba que el interés de la población sigue intacto. Eso sí, no esperen del Cometa Diablo mucha espectacularidad, no va a asustar como no asusta la imagen que ilustra la nota sobre el Diablo o, como decimos por estas pampas, el Coludo.

Fuente:

https://www.infobae.com/mexico/2024/01/28/el-diablo-se-acerca-a-la-tierra-esta-es-la-fecha-en-la-que-podra-verse-el-cometa-en-su-paso-por-nuestro-planeta/#:~:text=Este%20domingo%2021%20de%20abril,su%20proximidad%20con%20nuestro%20planeta

lunes, 12 de febrero de 2024

El tesoro escondido en un meteorito: un cometa

 Un fragmento de un cometa encontrado escondido dentro de un meteorito ofrece nuevos conocimientos sobre la dinámica de nuestro joven sistema solar.

Por Mary Caperton Morton

 


Esta imagen de luz reflejada del meteorito LaPaz revela la inclusión rica en carbono de un cometa. La inclusión tiene 100 micrómetros de ancho. Crédito: Carles Moyano-Cambero

Hace unos 4.500 millones de años, cuando nuestro sistema solar todavía era un disco protoplanetario que giraba alrededor del joven y tenue Sol, un pequeño fragmento de un cometa fue capturado por un asteroide que pasaba. En algún momento, este asteroide se rompió en pedazos, uno de los cuales atravesó la atmósfera terrestre y aterrizó en la Antártida, donde fue descubierto en 2002.

El cometa recién descrito dentro de un meteorito es muy inusual porque los cometas y asteroides se forman en diferentes regiones remotas del sistema solar.

Un nuevo estudio analizó este artefacto único, el primer cometa dentro de un meteorito encontrado hasta la fecha, y los resultados brindan una visión rara vez vista de los años de formación de nuestro sistema solar.

El cometa recientemente descrito dentro de un meteorito es un tipo de condrita carbonosa primitiva conocida como LaPaz Icefield 02342 por el lugar donde fue encontrado en el campo de hielo LaPaz en la Antártida. Es muy inusual porque los cometas y asteroides se formaron en diferentes regiones remotas del disco protoplanetario hace unos 4.500 millones de años, dice Larry Nittler, cosmoquímico de la Carnegie Institution de Washington y autor principal del nuevo estudio, publicado en Nature Astronomy.

"Los cometas y asteroides se formaron mediante el mismo proceso de acumulación de polvo, pero son químicamente diferentes debido a las condiciones del lugar donde se formaron", dice Nittler.

Los cometas provienen de los confines exteriores más fríos del disco y normalmente contienen mucho hielo y sustancias orgánicas como el carbono, mientras que los asteroides son principalmente cuerpos rocosos que se formaron en el disco interior más cálido, más cerca del Sol. Cuando se desprenden fragmentos de cometas o asteroides, se les conoce como meteoros. Los meteoritos se convierten en meteoritos si sobreviven a la atmósfera protectora de la Tierra y aterrizan en la superficie.

 




Esta ilustración muestra un cometa, el meteorito LaPaz, y una delgada sección de la inclusión del cometa en el meteorito. Crédito: Larry Nittler/NASA

Estudios anteriores han demostrado que los materiales del sistema solar interior pueden haber sido transportados en ocasiones al sistema solar exterior, pero, hasta ahora, no al revés.

"Esta idea de que el polvo y los escombros del sistema solar exterior pueden haberse movido hacia adentro para interactuar con los asteroides que se forman en el sistema solar interior es algo de lo que aún no tenemos mucha evidencia", dice Nittler.

La evidencia de que la inclusión rica en carbono escondida dentro del meteorito LaPaz proviene de un cometa es clara, dice Jean Duprat, un astrofísico de la Universidad de París que no participó en el nuevo estudio.

"Hay al menos dos líneas de evidencia sólidas de que esta inclusión provino de un cometa o protocometa que se formó en el sistema solar exterior", dice Duprat.

El alto contenido orgánico del clasto incrustado indica que se formó en un ambiente muy frío, lejos del Sol. Y el contenido mineral de la muestra también contiene fases minerales asociadas únicamente con material cometario.

 “No sólo es parte de un cometa, sino que es parte de un cometa muy antiguo. No es como mirar una pieza que se rompió recientemente. Es una reliquia”, dice Duprat. "Desde esa perspectiva, este es realmente un hallazgo sorprendente".

El siguiente paso, coinciden Nittler y Duprat, será excavar en los extensos archivos de meteoritos para buscar ejemplos de cometas escondidos dentro de meteoritos.

"Estamos empezando por observar meteoritos del mismo tipo que este", incluidas otras secciones del mismo meteorito, LaPaz Icefield 02342, utilizando un microscopio electrónico de barrido, entre otras herramientas, dice Nittler. “Si nunca encontramos otro ejemplo, lo consideraremos una rareza extrema. Pero si encontramos más, podría tener implicaciones sobre cómo modelamos la dinámica del sistema solar interior y exterior primitivo”.

 

Fuente:

https://eos.org/articles/meteorites-hidden-treasure-a-comet#:~:text=The%20newly%20described%20comet%20within%20a%20meteorite%20is%20a%20type,LaPaz%20ice%20field%20in%20Antarctica

viernes, 9 de febrero de 2024

LA DISPUTA POR UN COMETA




En el texto de Santiago Paolantonio que citamos en la anterior entrada, cuya lectura recomendamos (https://historiadelaastronomia.wordpress.com/documentos/cometa1941/) hay una caricatura del tradicional diario cordobés "La voz del interior", del número del 28 de enero de 1941, satirizando la disputa entre los astrónomos por la prioridad del descubrimiento del cometa 1941 B2 que nos pareció interesante y simpático compartir.

martes, 6 de febrero de 2024

UN COMETA DESCUBIERTO EN ARGENTINA (Y NO RECONOCIDO)

 


Este estupendo texto de Santiago Paolantonio (como todos los de esa colección maravillosa sobre Historia de la Astronomía que lleva adelante) narra una historia de injusticias en la época de oro de la astronomía argentina, referida al cometa al que nos referimos en la entrada anterior:

Quién descubrió el cometa 1941 B2?

por Santiago Paolantonio

 

Mientras las bombas caían en un mundo en guerra, a principios de 1941 hizo su aparición en los cielos australes un notable cometa, de gran brillo y extensa cola.

El nuevo objeto (1941c, C/1941 B2, 1941 IV) fue observado el 24 de enero por los astrónomos Martín Dartayet, Jorge Bobone y Armando Cecilio desde el Observatorio Nacional Argentino en Córdoba (Willemöes 1999, Paolantonio 2010). El evento tuvo una inmediata repercusión en la prensa local y nacional[1], producto de un hábil manejo del Dr. Enrique Gaviola, director del observatorio, que aprovechó la oportunidad para promocionar el actuar de la institución. Los periódicos locales lo anunciaron como el cometa Dartayet – Bobone – Cecilio.

Sin embargo, otros varios observadores divisaron el cometa, R. P. de Kock y J. S. Paraskevopoulos desde Sudáfrica, E. Roubaud y A. Pochintesta desde Montevideo y R. Grandon desde Santiago de Chile (Sisteró 1973, Gaviola 1941).Este hecho y la presencia de otro cometa, generaron confusión y una diputa sobre la “paternidad” del nuevo objeto.

Múltiples descubridores y una gran confusión

El 5 de septiembre de 1940, Leland Erskin Cunningham del Harvard Observatory, había descubierto el cometa C/1941 R2 en los cielos del norte. El cometa aumentó su brillo y desarrolló una larga cola, llamando la atención de astrónomos y público en general. Fue destacado en la prensa como el más brillante desde el paso del Halley ocurrido en 1910 (Revista Life, 23/12/1940, p. 40). En su camino al máximo acercamiento al Sol, que ocurriría a fines de 1940, se desplazó rápidamente a declinaciones australes. Desde los primeros días del nuevo año, un gran número de observadores del hemisferio sur esperaron ansiosamente el retorno del gran cometa.

J. Bobone y M. Dartayet fueron los primeros en observar nuevamente al Cunningham el 21 de enero, que se presentó con una luminosidad muy inferior a la anticipada, por lo que resultó difícil de identificar. Como era costumbre desde hacía varios años, el avistamiento fue comunicado a los observatorios de La Plata, Chile, Montevideo, Río de Janeiro y al de Harvard, encargado de difundirlo al resto de las instituciones astronómicas del mundo (Gaviola 1941).

El hecho de que el Cunningham fuera mucho más débil de lo previsto, y que el nuevo cometa (1941c) hiciera su aparición relativamente próximo a la posición de aquél, como se verá, provocó múltiples confusiones.

Reginald Purdon de Kock, un prolífico observador de estrellas variables de Paarl, Sudáfrica, encontró accidentalmente en la madrugada del 15 de enero, un objeto nebuloso con una pequeña cola, se trataba de la primera observación de 1941c. Ubicado en la constelación de Norma, estimó su magnitud en 5,8. Inmediatamente comunica la novedad a los observatorios de Ciudad del Cabo y Johannesburgo, donde el objeto fue fotografiado tres días más tarde (Stoy 1941, Sisteró 1973). Sin embargo, no queda claro si de Kock lo identificó como un nuevo cometa, ni la causa por la que no se envió la novedad a Harvard, teniendo en cuenta que de cualquier modo, se trataba de una observación muy importante.

También desde Sudáfrica, el Dr. John S. Paraskevopoulos, director de la “Boyden Station” – perteneciente al observatorio de Harvard, ubicada en Bloemfontein –, observa el cometa el 23 de enero a las 5h 24min, tiempo de Greenwich (UT). Comunica la noticia a Harvard por medio de un telegrama que llega el 24, en el que destaca que si se trataba del Cunningham, las efemérides estaban sumamente equivocadas (Gaviola 1941), comentario que pone en evidencia sus dudas. Aparentemente, Paraskevopoulos no estaba al tanto de lo observado por de Kock.

El mismo 23 de enero a las 8h 36min (UT), Rómulo Grandon del Observatorio Nacional de Chile, en Santiago, también identifica el cometa, del que determinó su posición precisa en el cielo, esa noche y la siguiente (Gaviola 1941). Los valores encontrados fueron comunicados a Harvard por el director del observatorio Rosauro Castro, recién el 25 de enero. El atraso en el envío del telegrama solo se justifica si consideraban que el objeto observado era el Cunningham, el cual sabían había sido recuperado en Córdoba unos días antes.

A las 6h (UT) del 24 de enero, Eduardo Roubaud y Alberto Pochintesta del Observatorio de Montevideo, también observan el cometa, al que le realizaron una fotografía (Gaviola 1941). Esta observación tampoco fue comunicada, nuevamente por considerar que se trataba del Cunningham.

En la madrugada de ese mismo día, en Córdoba, Dartayet, Bobone y Cecilio, obtienen una placa fotográfica del Cunningham a las 8h 13min (UT) con la intención de determinar su posición. Al revelarla, se percataron de la presencia de otro cometa ubicado a unos 30° de distancia. Una nueva toma realizada con la astrocámara Saegmüller – Brashear, permitió obtener su posición con precisión. Convencidos de ser los primeros en observar el nuevo cometa, el descubrimiento fue anunciado sin demoras al observatorio de Harvard.

También en Córdoba, ese 24, el cometa fue divisado y fotografiado por Dr. Martínez Villada[2], minutos antes que en el observatorio – 7h 54min (UT) –. Por la tarde, Martínez Villada se acercó al Observatorio Nacional preguntando si se trataba del Cunningham. Su observación fue inmediatamente comunicada al observatorio norteamericano (La Voz del Interior 27/1/41).

Reclamos y una decisión injusta

Como puede verse, la detección del Cunningham en Córdoba y su rápida comunicación, la proximidad entre éste y el nuevo cometa y el hecho de que el brillo de este último fuera como el esperado para el primero, generó una gran confusión.

A modo de síntesis, 1941c fue detectado primeramente por de Kock. Sin embargo, los astrónomos del observatorio cordobés fueron los primeros en reconocer sin ambigüedad que se trataba de un nuevo cometa. Mientras que Paraskevopoulos tenía sus sospechas, el resto de observadores lo identificaron como el Cunningham.

Enterado de estas circunstancias[3], el Dr. Gaviola pide aclaraciones a Harvard sobre los telegramas recibidos en relación al nuevo cometa. En un artículo publicado en la Revista Astronómica (Gaviola 1941) argumenta que, de acuerdo a sus averiguaciones, el nombre del nuevo cometa debía ser Dartayet – Bobone – Cecilio. Convencido de tener la razón, organiza una cena en reconocimiento a los descubridores, en el hotel España de la ciudad de Córdoba.

Fuera de de Kock, los demás astrónomos observaron el cometa en un lapso de 24 horas, por lo que todos deberían tener el derecho al honor de figurar en el nombre del objeto.

Los múltiples descubridores y las circunstancias en que se dieron las observaciones, hicieron difícil la decisión sobre como denominar a 1941c, en particular teniendo en cuenta la recomendación de no incluir más de tres nombres en la misma.

Finalmente, el cometa 1941c fue llamado “de Kock – Paraskevopoulos”.

A todas luces, se trata de una denominación que deja injustamente sin el preciado anhelo de ver perpetuados sus nombres, a varios sacrificados observadores (lamentablemente todos latinoamericanos).

Sin embargo, hay que admitir que no sería práctico llamar al notable cometa 1941 B2 “de Kock, Paraskevopoulos, Dartayet, Bobone, Cecilio, Grandon, Rouband, Pochintesta, Martínez Villada”.


Fuente:

Paolantonio, S.  (2010). ¿Quién descubrió el cometa 1941 B2. Disponible en https://historiadelaastronomia.wordpress.com/ cometa1941/. Recuperado el 7-2-2024.