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martes, 1 de septiembre de 2026

EL COMETA ASOR EN “LA NARDO” DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

 




 

EL COMETA ASOR EN “LA NARDO” DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

“La Nardo” es una novela del genial escritor español Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), publicada en 1930. Narra la corta vida de una belleza madrileña de clase baja, apodada “La Nardo” y su decadencia vital por los hombres con los que se relaciona, aunque (como es común en la narrativa del autor), el objeto de la novela parece ser también la descripción de los barrios de Madrid. “La Nardo” es una chica feliz hasta que conoce a su novio, quién la llevará por los caminos del vicio. Su primera cita está motivada ante la proximidad del fin del mundo, que los empuja a disfrutar sin preocuparse por el mañana. Y el fin del mundo sería un 18 de agosto por el presagiado choque de la Tierra con el cometa Asor, que finalmente no sucede. Así describe el autor el peculiar clima de expectativa de catástrofe cometaria (con rasgos de la fiebre por el Halley en 1910):

“Esta tarde no lee el novelón, sino el periódico, pues vienen nuevas referencias del posible encuentro del cometa Asor con la Tierra. Los astrónomos se habían puesto de acuerdo con los gitanos para predecir que una noche del mes de agosto, la Tierra, como balón de fútbol, iba a recibir un puntapié de un cometa llamado Asor porque había sido descubierto por un astrónomo así llamado y que se paseaba por los malecones de la astronomía  cuando al cometa le dio por asomarse, entreabriendo la cortina azul. Era el 18 de agosto el día señalado para la catástrofe y todo el mundo quitaba las hojas del almanaque con menos indiferencia que nunca, como si fuesen declarando sus últimas voluntades a cada nueva hoja arrancada”.

“Nadie repetía la predicción, pero se filtraba en las almas como esos líquidos que se cuelan con un paño (…) Toda la totalidad pesa sobre ese cometa y está agarrada a él. A la luz de esas estrellas amenazadoras se fabrica, como bajo el golpe del más potente magnesio, el último retrato de la humanidad y se fijan unos retratos de boda que solo ha inspirado el terror al astro. El día de Asor iba llegando. Lo que apenas se creía se va creyendo. La verbena fatal cuelga sus farolillos en la noche. Asor va a incendiar el mundo con los cohetes de su influencia, y al pasar en plena fiesta junto a él lo va a abordar solo con remover con su enorme proporción las aguas de su alrededor, los espacios alterados por las más potentes ruedas de la tempestad. En las noches todo Madrid se asomaba a las ventanas, viendo cómo el cáncer del cielo prosperaba y resultaba inconfundible con las demás estrellas, hasta con ese célebre gallo del cielo que es Júpiter. Asor se hinchaba, estaba más bello que nunca. Se veía su ventanal abierto de par en par. Tocaba los gramófonos inmensos de sus salones y esplendente de cinematógrafos atraía como la luz de una gran lámpara a los mariposones perdidos. Era como la Verbena de una estrella. Se hablaba de Asor de balcón a balcón y se veía cómo reposaba el enorme botijo sobre el alto balaustral de los cielos. Los enamorados estaban prontos a encargarse la alianza urgente en la que estuviese grabada la fecha en que temían el naufragio final. El cometa Asor daba un insomnio inolvidable a los más apasionados, en los que el miedo insuperable se mezclaba a la pasión. Velatorio medio de viaje por mar, medio de viaje por tierra, medio de viaje aéreo, iba a ser el velatorio de la noche en que el cometa enconado y temible pasaría junto a la puerta de todos y haría vibrar los vasos de las alacenas. (…) El nuevo temor sideral hacía que esperasen muchas almas ese suicidio colectivo que supondría esa carambola de tres mundos, pues la bola roja que es Asor tocaría la bola pintada que es la Tierra, y ésta, a su vez, entrechocaría con la bola blanca que es la Luna, la pobre Luna, que juega un papel inevitable en lo que le sucede al terráqueo. La Tierra conservaba su impasibilidad; pero cuando se apagaban las luces de las casas, las gentes se asomaban para dirigir la oración indecible a Asor, quizás olímpico y despectivo, quizás avieso y solapado”


sábado, 1 de agosto de 2026

“UNA CURIOSA EXCURSIÓN DE PLACER”, UN CHISTE COMETARIO DE MARK TWAIN


 

Lo que sigue fue un artículo periodístico que el célebre autor norteamericano Mark Twain publicó en pleno “terror cometario” en 1874 por la aparición del Cometa Coggia (que ha sido objeto de varias recientes entradas en este blog):

[Hemos recibido el siguiente anuncio, pero, dado que trata un asunto de profundo interés general, nos sentimos plenamente justificados al publicarlo en nuestra sección de lectura. Confiamos en que nuestra conducta al respecto solo requiere explicación, no disculpa. Editor del New York Herald]

ANUNCIO

Por la presente, informamos al público que, en colaboración con el Sr. Barnum, he arrendado el cometa por un plazo de varios años; y deseo también solicitar el apoyo del público para una iniciativa benéfica que tenemos en mente.

Proponemos acondicionar alojamientos cómodos, e incluso lujosos, en el cometa para todas las personas que nos honren con su patrocinio, y realizar una larga excursión entre los cuerpos celestes. Prepararemos un millón de camarotes en la cola del cometa (con agua caliente y fría, gas, espejo, paracaídas, paraguas, etc., en cada uno), y construiremos más si recibimos un apoyo suficientemente generoso. Contaremos con salas de billar, de cartas, de música, boleras, numerosos teatros espaciosos y bibliotecas públicas. En la cubierta principal, planeamos instalar un parque de carreras con más de 160.000 kilómetros de vías. También publicaremos periódicos diarios.

SALIDA DEL COMETA

El cometa partirá de Nueva York a las 22:00 horas del día 20 del presente mes, por lo que se recomienda que los pasajeros estén a bordo a más tardar a las 20:00 horas para evitar confusiones al zarpar. Se desconoce si serán necesarios los pasaportes, pero se considera conveniente que los pasajeros los presenten para prevenir cualquier eventualidad. No se permitirán perros a bordo. Esta norma se ha establecido en consideración al estado de ánimo actual respecto a estos animales y se cumplirá estrictamente. La seguridad de los pasajeros será velada con el máximo cuidado. Se instalará una robusta barandilla de hierro alrededor del cometa, y nadie podrá acercarse al borde a mirar hacia abajo a menos que esté acompañado por mi pareja o por mí.

EL SERVICIO POSTAL

será de la más alta calidad. Por supuesto, se utilizará exclusivamente el telégrafo; por consiguiente, amigos que ocupen camarotes a 20 millones e incluso 30 millones de millas de distancia podrán enviar un mensaje y recibir una respuesta en un plazo de once días. Los mensajes nocturnos tendrán una tarifa reducida. Todo este vasto sistema postal estará bajo la supervisión personal del Sr. Hale de Maine. Se servirán comidas a todas horas. Las comidas servidas en los camarotes tendrán un coste adicional. No se teme hostilidad de ningún gran planeta, pero hemos considerado mejor pecar de precavidos y, por lo tanto, hemos provisto un número adecuado de morteros, cañones de asedio y picas de abordaje. La historia demuestra que las comunidades pequeñas y aisladas, como los habitantes de islas remotas, tienden a ser hostiles con los extraños, y lo mismo podría ocurrir con

LOS HABITANTES DE LAS ESTRELLAS

de décima o vigésima magnitud. En ningún caso ofenderemos sin motivo a los habitantes de ninguna estrella, sino que trataremos a todos por igual con urbanidad y amabilidad, sin comportarnos jamás con un asteroide de una manera que no nos atreveríamos a adoptar con Júpiter o Saturno. Repito que no ofenderemos sin motivo a ninguna estrella; pero al mismo tiempo, rechazaremos con prontitud cualquier daño o insolencia que nos puedan infligir los grupos o gobiernos que residan en cualquier estrella del firmamento. Aunque nos resistimos al derramamiento de sangre, mantendremos este rumbo con firmeza y valentía, no solo hacia estrellas individuales, sino también hacia constelaciones. Esperamos dejar una buena impresión de Estados Unidos en cada nación que visitemos, desde Venus hasta Urano. Y, en cualquier caso, si no podemos inspirar amor, al menos lograremos que se respete a nuestro país dondequiera que vayamos. Llevaremos con nosotros, gratuitamente,

UN GRAN GRUPO DE MISIONEROS,

e iluminaremos con la luz el universo que, aunque resplandeciente físicamente, aún permanece en la oscuridad moral. Se establecerán escuelas dominicales donde sea posible. También se instaurará la educación obligatoria.

El cometa visitará primero Marte y luego continuará hacia Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno. Se concederá tiempo y todas las facilidades a las personas vinculadas al gobierno del Distrito de Columbia y al antiguo gobierno de la ciudad de Nueva York que deseen inspeccionar los anillos. Se visitará cada estrella de gran magnitud y se dispondrá de tiempo para realizar excursiones a lugares de interés en el interior del país.

LA ESTRELLA DEL PERRO

ha sido eliminada del programa. Se dedicará mucho tiempo a la Osa Mayor y, de hecho, a todas las constelaciones importantes. Lo mismo ocurrirá con el Sol, la Luna y la Vía Láctea, es decir, la Corriente del Golfo de los cielos. Se recomienda llevar ropa adecuada para el sol. Nuestro programa está diseñado para que rara vez recorremos más de 100 millones de millas seguidas sin detenernos en alguna estrella. Esto hará que las paradas sean frecuentes y mantendrá el interés del turista. El equipaje facturado se puede llevar hasta cualquier punto de la ruta. Quienes deseen realizar solo una parte del recorrido propuesto, y así ahorrar dinero, pueden hacer escala en cualquier estrella que elijan y esperar el viaje de regreso.

Tras visitar las estrellas y constelaciones más célebres de nuestro sistema e inspeccionar personalmente los destellos más remotos que incluso el telescopio más potente puede detectar en el firmamento, emprenderemos con entusiasmo

UN VIAJE ESPECTACULAR

de descubrimiento entre los incontables mundos giratorios que agitan las vastas extensiones del espacio, extendiendo su solemne soledad, su inimaginable inmensidad a miles de millones de kilómetros de distancia, más allá del alcance de la visión telescópica, hasta que, en comparación, la pequeña bóveda brillante que solíamos contemplar en la Tierra parezca un destello fosforescente recordado, un destello que la proa de algún viajero tropical despertó por un instante, y que diez mil millas de mares fosforescentes y el tedioso paso del tiempo habían reducido a un incidente completamente trivial en su memoria. Los niños que ocupen asientos en la primera mesa pagarán la tarifa completa.

TARIFA DE PRIMERA CLASE

El viaje de la Tierra a Urano, incluyendo visitas al Sol, la Luna y todos los planetas principales de la ruta, tendrá una tarifa reducida de $2 por cada 50 millones de millas de viaje real. Se aplicará un gran descuento para quienes deseen realizar el viaje de ida y vuelta. Este cometa es nuevo, está en perfectas condiciones y se encuentra en su primer viaje. Es, sin duda, el más rápido de la línea. Con sus instalaciones actuales, recorre 20 millones de millas al día; pero, con una tripulación estadounidense selecta y buen tiempo, confiamos en alcanzar los 40 millones de millas. Aun así, nunca lo forzaremos a una velocidad peligrosa y prohibiremos estrictamente las carreras con otros cometas. Los pasajeros que deseen desviarse o regresar serán trasladados a otros cometas. Mantenemos conexiones directas en todos los puntos principales con todas las líneas fiables. La seguridad está garantizada. Es innegable que los cielos están plagados de

VIEJOS COMETAS DESTARTALADOS

que no han sido inspeccionados ni revisados ​​en 10.000 años y que hace tiempo debieron haber sido destruidos o convertidos en barcazas de granizo, pero con ellos no tenemos ninguna relación. Los pasajeros de tercera clase no pueden acceder a la parte trasera de la escotilla principal.

Se han ofrecido billetes de ida y vuelta de cortesía al general Butler, al Sr. Shepherd, al Sr. Richardson y a otros caballeros distinguidos, cuyos servicios públicos les dan derecho al descanso y la relajación de un viaje de este tipo. Quienes deseen realizar el viaje de ida y vuelta dispondrán de alojamiento adicional. El viaje completo finalizará y los pasajeros desembarcarán de nuevo en Nueva York el 14 de diciembre de 1991. Esto es, al menos, cuarenta años más rápido que cualquier otro cometa. Se permitirán a bordo todos los entretenimientos inofensivos, pero no se permiten apuestas durante el vuelo del cometa, ni juegos de azar de ningún tipo. Respetaremos todas las estrellas fijas, pero corregiremos aquellas que parezcan necesitar corrección. Si esto causa problemas, lo lamentaremos, pero seremos firmes.

Como el Sr. Coggia nos ha arrendado su cometa, ya no se llamará con su nombre, sino con el de mi socio. Nota: Los pasajeros que paguen el doble de la tarifa tendrán derecho a una parte de todas las nuevas estrellas, soles, lunas, cometas, meteoros y tormentas eléctricas que descubramos. Los vendedores de medicinas patentadas deben tener en cuenta que:

LLEVAMOS TABLEROS DE ANUNCIOS

y un pincel para usar en las constelaciones, y estamos abiertos a negociar. Recordamos a los crematocionistas que nos dirigimos directamente a lugares con altas temperaturas y que estamos abiertos a negociar. Para otros, nuestra empresa es una excursión de placer, pero para nosotros, individualmente, es un negocio. Aprovecharemos al máximo nuestro cometa.

PARA MÁS DETALLES,

sobre el flete o pasaje, diríjase a bordo o a mi socio, pero no a mí, ya que no me hago cargo del Cometa hasta que esté en ruta. En un momento como este, es necesario que mi mente no esté agobiada por detalles de negocios menores.

MARK TWAIN

domingo, 7 de septiembre de 2025

UN COMETA FECUNDADOR DE ITALIANAS EN 1819

 

Hace un tiempo, hojeando el monumental libro de Carl Sagan y Anne Druyan “El Cometa” en la casa de Juan Manuel Biagi, me encontré con este poemita traducido del italiano en la pagina 162, que no pude encontrar en internet. ¿De dónde lo habrán sacado los autores? El cometa debe ser el Cometa Tralles, C/1819 N1,  también conocido como el Gran Cometa de 1819.


viernes, 25 de julio de 2025

“FALLING STARS”, UNA POESÍA SOBRE METEOROS DE WILLIAM DENNING

 

En una entrada anterior nos referimos a ese ejemplo de vida para todos los que amamos la astronomía amateur que fue William Denning. Como muchos aficionados, la astronomía es una pasión, por la naturaleza, por el cielo y por el estudio. Y la pasión suele reflejarse en poesía. Denning fue un poeta ocasional, cantando su pasión. “Falling Stars” es un poema sobre su pasión principal, la observación de meteoros, publicado cuando tenía 66 años, en el “Journal of the Royal Astronomical Society of Canada” (1915). La encontramos en su biografía “W. F. Denning: In Quest of Meteors. A biography”, de Martin Beech. Ofrecemos la traducción de Google Translate (nada mal).

Hay varias alusiones a la experiencia de observación de meteoros que reconocemos los que la hemos realizado:

La espera a que aparezca un meteoro, nunca sabemos cuándo aparecerá:


Nunca sé el instante en que

perturbarán la quietud

de las estrellas del Cielo y correrán por el firmamento

todo en silencio”.


La alegría de ver un meteoro mientras lo esperamos con los pies en el suelo con rocío nocturno:


“Dondequiera que vienen, traen una alegría que llena mi alma.

¡Oh, mensajeros de mundos lejanos! Anhelo

aprender tu historia,

y espero, entre el rocío helado de la tierra,

noticias celestiales”

ESTRELLAS FUGACES

“Brillantes estrellas fugaces, las saludo con una sonrisa,

mientras seducen,

mi soledad, con puro y dulce placer,

en instantes fugaces.

De belleza colorida y vestidas de lustre,

nunca en reposo,

abarcan el cielo y adornan el camino celestial

con rayos centelleantes.

Solo conozco los momentos de su nacimiento,

sobre la tierra;

mientras ellas realizan su ronda anual en el espacio,

corren su carrera

y perforan el azul como una espada centelleante,

demasiado rápida para desvanecerse.

A lo largo de tu vuelo, las brasas ardientes siembran

un resplandor crepuscular,

para marcar su camino entre las estrellas de la noche,

con luz guía.

Nunca sé el instante en que

perturbarán la quietud

de las estrellas del Cielo y correrán por el firmamento

todo en silencio.

Ni puedo decir en el libro abierto de la Naturaleza,

dónde mirar,

para ver sus destellos crecer y desvanecerse

en la sombra de la noche. Hacia el este o el oeste, sus bolas de fuego

pueden caer de cabeza,

o, lentamente, fluir hacia la altura estrellada

en un vuelo grácil.

Dondequiera que vienen, traen una alegría que llena mi alma.

¡Oh, mensajeros de mundos lejanos! Anhelo

aprender su historia,

y espero, entre el rocío helado de la tierra,

noticias celestiales”.

FALLING STARS

“Bright falling stars I greet you with a smile,
While you beguile,
My loneliness, with pleasure pure and sweet
In moments fleet.
In coloured beauty and in lustre dressed,
Never at rest,
You span the sky and guild the heav'nly way
With sparkling ray.
I only know the moments of your birth,
Above the earth;
As she performs her yearly round in space
You run your race
And pierce the blue just as a flashing blade
Too quick to fade.
Along your flight the burning embers sow
An after-glow,
To mark your path amid the stars of night,
With guiding light.
I never know the instant when you will
Disturb the still
Of Heaven's stars and speed athwart the sky
All silently.
Nor can I tell in Nature's open book,
Just where to look,
To watch your coruscations wax and fade
Amid night's shade.
Adown the east or west your fiery ball
May headlong fall,
Or, slowly, stream along the starry height
In graceful flight.
Whene'er you come you bring a joyous thrill
My soul to fill.
Oh messengers from distant worlds! I yearn
Your tale to learn,
And I await, amid earth's frosted dews,
Celestial news”.

martes, 28 de enero de 2025

UN COMETA VAMPIRO

 


Es fascinante la historia antropológica de los cometas y la inquietud que generan. La literatura ha reflejado frecuentemente este sentimiento, con numerosas referencias al sentimiento sublime, ominoso, que provocan.

Un ejemplo lo encontré en un escalofriante relato de vampiros que encontré en un libro fascinante, “Vampiria”, una recopilación de literatura sobre este tópico. En el relato, llamado “Dejad a los muertos en paz”, de autoría del alemán Ernst Raupach, se compara a la protagonista (una terrible vampira) con un cometa: “Tan soberana como ante su muerte, Brunilda impuso de nuevo su yugo de hierro a todos los que la rodeaban; y su señorío era ahora más cruel que nunca, pues el horror que lo animaba avasallaba toda contradicción y toda réplica. Su cólera ya no era un rugiente huracán cuya furiosa violencia presagiaba desatarse rápidamente, sino un cometa a punto de embestir contra la Luna en el cielo como un funesto cataclismo”.

El relato es de 1823, ya se sabía bastante sobre los cometas, pero… seguían siendo ominosos cuando aparecían.

viernes, 9 de agosto de 2024

EL COMETA DEL FIN DEL MUNDO: “EL SEÑOR DE LOS ÚLTIMOS DÍAS” DE HOMERO ARIDJIS

 

En esta novela del escritor contemporáneo la trama comienza con la visión de un cometa. Reproducimos la descripción de la solapa: “Comienza el año 1000. En el monasterio de San Juan el Teólogo, el monje Alfonso de León ve un cometa que presagia la venida del anticristo y los más prodigiosos fenómenos. La España cristiana resiste en el norte las campañas devastadoras de al-Mansur. Dos civilizaciones, dos religiones encarnadas por dos hermanos gemelos, Alfonso de León y Abd Allah de Córdoba, luchan hasta la muerte. A partir de ahí, el autor mexicano traza un maravilloso y apasionante cuadro de la España medieval”.

Es muy linda la descripción, en términos de la Baja Edad Media: “A maitines subí a la torre lapídea, deseaba ver en la región suprema del aire la “stella crinita”. El cometa que, según los antiguos, se había conglobado por la exhalación caliente de la tierra y por los hálitos de los planetas y del sol. Materia deshilada, ellos la llamaron cabello, pero más semejaba ser una estrella humeante, que con su larga cola daba luz a las partes sombrías del mundo. El cometa, unas veces tenía forma de cola doblada como alfanje, otras veces de cabello hirsuto de una mujer. El globo luminoso, mostrado en la ignota oscuridad sideral, por un rato se quedó visible. La gente espantadiza decía que anunciaba los siguientes daños: la muerte por flecha emponzoñada de don Alfonso V, el rey niño, el nacimiento en Córdoba de una califa matador de cristianos, peor que las anteriores; nuevas destrucciones de León y de Santiago a manos de los sarracenos; un terremoto terrible, anuncio de la segunda misión de Cristo (…)Unos días antes de partir el abad Andrés me confió que en el año 955, en vísperas de ser destronado Sancho el Gordo, quien no podía alcanzarse la cabeza con la mano ni ponerse la corona ni manejar la espada sin ayuda, se vieron los signos ígneos de una cara de fuego. De manera que, esperando nuevas revelaciones, aceché la aparición del astro cabelludo. En la espera me acompañó el graznido de cornejas invisibles”.


miércoles, 24 de julio de 2024

UNA METAFORA COMETARIA DE ROBERT BURTON EN “ANATOMÍA DE LA MELANCOLÍA”

 

“Anatomía de la melancolía” (“Anatomy of Melancholy”) es una obra fascinante del escritor inglés Robert Burton del año 1621. Es un tratado sobre la melancolía. Melancolía tenía un alcance mucho más amplio y se relacionaba con la locura, hoy diríamos depresión. Burton relaciona las causas de la melancolía con prácticamente todo, por lo tanto, es una enciclopedia vastísima (tres gruesos volúmenes) con información de los temas más variados y la posibilidad de que sean causa de melancolía. Si lo pensamos, es como este blog, hablamos de todo relacionándolo con una idea fija: los cometas (Burton lo hacía con la melancolía).

De este tratado quiera extraer una comparación ingeniosa entre los cometas y los que se proclaman como profetas impulsados por la locura (la traducción es mía):

“Sobre estos hombres concluyo que generalmente parecen prudentes y con conocimientos de diversas materias, sobre las que discurren con juicio, laesam habent imaginationem (tienen dañada la imaginación), son como cometas, dan vueltas serenamente, pero cuando se encienden, caetera sani (sanos en lo demás), tiene un ingenio inflamable, muchas veces su carácter discreto se transforma en locura y el delirio se sale de toda mesura, in infinitum erumpit stultitia (la estupidez estalla al infinito). Tienen un exceso de melancolía, si no están directamente locos, y más que necesitar compañía necesitan un médico y necesitan más eléboro que los que están en Bedlam” (el heléboro se suponía que ahuyentaba los espíritus y demonios y curaba la locura)”.

Por supuesto, la metáfora es del siglo XVII y por eso relaciona cometas con fuego, pero se mantiene hoy en día, ya que los cometas, como los lunáticos, pasan buena parte de su tiempo en órbita sin cambios y se encienden (se vuelven activos) cerca del Sol.


jueves, 16 de noviembre de 2023

LOS COMETAS EN LA OBRA DE DANTE ALIGHIERI


 

La obra del vate de la literatura italiana es tan amplia que no podía faltar el objeto de nuestro interés., los cometas. La astronomía de Dante es la astronomía aristotélica de la Edad Media, que además le sirvió estupendamente para ese viaje iniciático que es su obra suprema, la Divina Comedia. En su etapa final, luego de haber viajado por el Infierno guiado por Virgilio y por el Purgatorio,  llega al Paraíso, donde su guía es Beatrice y en los cielos están los astros perfectos, y la única referencia a los cometas está en el Canto 24:

Cosí Beatrice; e quelle anime liete
si fero spere sopra fissi poli,
fiammando, volte, a guisa di comete

En la traducción de Bartolomé Mitre:

Beatriz dijo, y las almas ledamente,

globos que en polos fijos van rotando,

cual cometas, difunden luz ingente

Sorprende que los cometas, que suelen ser portadores de desgracias en la Edad Media, ya que se los relacionaba con vapores ígneos sumamente tóxicos y cercanos a la Tierra, aparezcan en el Paraíso y con una función positiva. Y además, parece haber una referencia a que giran como los demás astros, lo que era una opinión muy minoritaria, que quizás Dante recogió en Séneca (vale la pena ahondar sobre esto).

Quizás a la acepción más medieval de los cometas se deba otra mención (más incierta) en la obra de Dante. En “Il Convivio” (II, XIII, 21-22) hay referencia (citando a Séneca) a que “en la muerte del Emperador Augusto se vio en lo alto una bola de fuego, y que en Florencia, al principio de su destrucción, se vio en el aire la figura de una cruz, una gran cantidad de vapores que siguen a la estrella Marte” (la traducción provisoria es nuestra). No olvidemos que hasta el siglo XVII una de las teorías más aceptadas es que los cometas se formaban de los vapores que desprendían los planetas”.

Parece sugestivo que Dante no use para estos supuestos vapores, cercanos a la Tierra, el sustantivo cometa y sí para una comparación con astros regulares en su movimiento.

martes, 6 de abril de 2021

EL COMETA COMO IMAGEN FUNERARIA EN LOPE DE VEGA

 


Una historia fascinante es la del Príncipe don Carlos, hijo de Felipe II de España, quien estaba destinado a ser el futuro Rey Carlos II. El destino, o su padre, no lo quiso así. Había sido siempre un príncipe rebelde, pero los desacuerdos con su padre fueron escalando hasta que éste receló la traición de su hijo y una noche de 1568 ordenó que las puertas y ventanas de su habitación fueron clavadas y esa fue la prisión de su hijo por seis meses, hasta su muerte, sospechada de envenenamiento.

Este infausto suceso originó un epitafio de Lope de Vega, un verdadero genio prolífico. La imagen del cometa, lejos del lugar común, no es una imagen negativa sino una alegoría de la brevedad:

“Aquí dio fin un cometa//que del mismo sol nació//con resplandor que mostró//ser hijo de tal planeta.//Término breve y sucinto//quiso el cielo que viviese,//porque otro Carlos no hubiese//que igualase a Carlos Quinto”


martes, 29 de diciembre de 2020

EDGAR ALLAN POE Y LOS COMETAS (PARTE 6)

 


Finalmente, el genio nos pone de frente al fin de nuestro planeta contado desde el más allá (pues no hubo sobrevivientes): desprovista de nitrógeno, la atmósfera de oxígeno puro no solamente es tóxica, sino que prepara la gigantesca conflagración:

“¿Necesito pintarte, Charmion, el desencadenado frenesí de la humanidad? Aquella tenuidad del cometa que nos había inspirado previamente una esperanza era ahora la fuente de la más amarga desesperación. En su impalpable, gaseosa naturaleza percibíamos claramente la consumación del Destino. Y entretanto pasó otro día, llevándose con él la última sombra de la Esperanza. Jadeábamos en aquel aire rápidamente modificado. La sangre arterial batía tumultuosamente en sus estrechos canales. Un delirio furioso se había posesionado de todos los hombres y, con los brazos rígidamente tendidos hacia los cielos amenazantes, temblaban y clamaban. Pero el núcleo del destructor llegaba ya a nosotros; aun aquí, en el Aidenn, me estremezco al hablar. Déjame ser breve... breve como la destrucción que nos asoló. Durante un momento vimos una terrible, cárdena luz que penetraba en todas las cosas. Entonces... ¡inclinémonos Charmion, ante la sublime majestad de Dios el grande!, entonces se alzó un clamoroso y penetrante sonido, tal como si brotara de Su boca, y toda la masa de éter, dentro de la cual existíamos, reventó instantáneamente en algo como una intensa llama roja, cuya insuperable brillantez y abrasante calor no tienen nombre, ni siquiera entre los ángeles del alto cielo del conocimiento puro. Así acabó todo”.

La traducción es la de Julio Cortazar y el cuento entero se puede leer aquí:

http://cometasentrerios.blogspot.com/2014/02/el-fin-del-mundo-por-un-cometa.html


lunes, 28 de diciembre de 2020

EDGAR ALLAN POE Y LOS COMETAS (PARTE 5)

 


Se acerca el fin, la gente empieza a respirar la atmósfera enrarecida por el contacto con la coma del cometa. Los efectos son inquietantes: aunque la coma del cometa era tan tenue que “todos los cuerpos celestes se percibían a través de él”, el aporte del oxígeno cometario rompe el balance entre el nitrógeno y el oxígeno de nuestra atmósfera y la consecuencia inicial es “una insólita agilidad corporal y mental” y “un follaje lujurioso, desconocido hasta entonces”. Pero al día siguiente: “Un espantoso cambio se había operado en los hombres, y la primera sensación de dolor fue la terrible señal para las lamentaciones y el espanto. Aquella primera sensación de dolor consistía en una rigurosa constricción del pecho y los pulmones, y una insoportable sequedad de la piel”. Y luego, un “estremecimiento eléctrico de terror en el corazón universal del hombre… Una combustión irresistible, devoradora, todopoderosa, inmediata: el cumplimiento total, en sus minuciosos y terribles detalles, de las llameantes y aterradoras anunciaciones de las profecías del Santo Libro” cuando el núcleo de Leviatán impacte en la Tierra.

“Pasó otro día, y los hombres respiraron con mayor libertad. No cabía duda de que nos hallábamos bajo la influencia del cometa, y sin embargo vivíamos. Hasta sentimos una insólita agilidad corporal y mental. La extraordinaria tenuidad del objeto de nuestro terror era ya aparente, pues todos los cuerpos celestes se percibían a través de él. Entretanto nuestra vegetación se había alterado sensiblemente y, como ello nos había sido pronosticado, cobramos aún más fe en la previsión de los sabios. Un follaje lujurioso, completamente desconocido hasta entonces, se desató en todos los vegetales.

Pasó otro día más... y la calamidad no nos había dominado todavía. Era evidente que el núcleo del cometa chocaría con la tierra. Un espantoso cambio se había operado en los hombres, y la primera sensación de dolor fue la terrible señal para las lamentaciones y el espanto. Aquella primera sensación de dolor consistía en una rigurosa constricción del pecho y los pulmones, y una insoportable sequedad de la piel. Imposible negar que nuestra atmósfera estaba radicalmente afectada; su composición y las posibles modificaciones a que podía verse sujeta constituían ahora el tema de discusión. El resultado del examen produjo un estremecimiento eléctrico de terror en el corazón universal del hombre.

Se sabía desde hacía mucho que el aire que nos circundaba era un compuesto de oxígeno y nitrógeno, en proporción respectiva de veintiuno y setenta y nueve por ciento. El oxígeno, principio de la combustión y vehículo del calor, era absolutamente necesario para la vida animal, y constituía el agente más poderoso y enérgico en la naturaleza. El nitrógeno, por el contrario, era incapaz de mantener la vida animal y la combustión. Un exceso anómalo de oxígeno produciría, según estaba probado, una exaltación de los espíritus animales, tal como la habíamos sentido en esos días. Lo que provocaba el espanto era la extensión de esta idea hasta su límite. ¿Cuál sería el resultado de una extracción total del nitrógeno? Una combustión irresistible, devoradora, todopoderosa, inmediata: el cumplimiento total, en sus minuciosos y terribles detalles, de las llameantes y aterradoras anunciaciones de las profecías del Santo Libro”.

La traducción es la de Julio Cortazar y el cuento entero se puede leer aquí:

http://cometasentrerios.blogspot.com/2014/02/el-fin-del-mundo-por-un-cometa.html

jueves, 17 de diciembre de 2020

EDGAR ALLAN POE Y LOS COMETAS (PARTE 4)

 


EDGAR ALLAN POE Y LOS COMETAS (PARTE 4)

Seguimos con este hermoso relato cometario. Justo cuando la gente había sido convencida por los científicos de que no había nada que temer, el cometa se transforma en una presencia ominosa en el cielo:

“Los daños menores que pudieran resultar del contacto con el cometa eran tema de minuciosas discusiones. Los entendidos hablaban de ligeras perturbaciones geológicas, de probables alteraciones del clima y, por consiguiente, de la vegetación, aludiendo también a posibles influencias magnéticas y eléctricas. Muchos sostenían que los efectos no serían visibles ni apreciables. Y mientras las discusiones proseguían, su objeto se aproximaba gradualmente, aumentaba su diámetro y más brillante se volvía su color. La humanidad palidecía al verlo acercarse. Todas las actividades humanas estaban suspendidas.

La evolución de los sentimientos generales llegó a su culminación cuando el cometa hubo alcanzado por fin un tamaño que sobrepasaba toda aparición anterior. Desechando las últimas esperanzas de que los astrónomos se hubieran equivocado, los hombres sintieron la certidumbre del mal. Todo lo quimérico de sus terrores había desaparecido. El corazón de los más valientes de nuestra raza latía precipitadamente en su pecho. Y sin embargo bastaron pocos días para que aun esos sentimientos se fundieran en otros todavía más insoportables. Ya no podíamos aplicar a aquel extraño astro ninguna idea ordinaria. Sus atributos históricos  habían desaparecido. Nos oprimía con una emoción espantosamente nueva. No lo veíamos como un fenómeno astronómico de los cielos, sino como un íncubo sobre nuestros corazones y una sombra sobre nuestros cerebros. Con inconcebible rapidez había tomado la apariencia de un gigantesco manto de llamas muy tenues extendido de un horizonte al otro”

La traducción es la de Julio Cortazar y el cuento entero se puede leer aquí:

http://cometasentrerios.blogspot.com/2014/02/el-fin-del-mundo-por-un-cometa.html


martes, 1 de diciembre de 2020

EDGAR ALLAN POE Y LOS COMETAS (PARTE 3)

 

Retomamos el relato, que dejamos hace ya quince días (ahora me percato de lo atareado que han sido, que me forzaron a dejar este relato en suspenso).

Se descubre que el cometa tiene rumbo de colisión, pero la orgullosa ciencia positivista de mediados del siglo XIX ya no teme a las colisiones con los cometas tras determinarse que son muy pocos densos y compuestos primordialmente de gas. Como sabemos, los cometas tienen un núcleo sólido para nada despreciable, así que en este caso la ciencia astronómica daba falsas esperanzas. Pero, quedaba la composición de los gases que forman lo que hoy conocemos como coma. Fue el descubrimiento de que el Halley tenía una coma con fuerte presencia de cianógeno (que da el color verde característico de muchos cometas) lo que genero el pánico de 1910, cuando se pensó que respiraríamos cianuro cuando la Tierra atravesara la cola del cometa.

“Los elementos del extraño astro fueron inmediatamente calculados, y todos los observadores coincidieron en que su paso, en el perihelio, lo aproximaría mucho a la tierra. Dos o tres astrónomos de renombre secundario sostuvieron resueltamente que el choque era inevitable. Imposible expresar el efecto de esta noticia en las gentes. Durante unos pocos días no quisieron creer en una afirmación que su inteligencia, tanto tiempo aplicada a consideraciones mundanas, no podía aprehender de ninguna manera. Pero la verdad de un hecho de importancia vital se abre paso en el entendimiento del más estólido. Los hombres comprendieron finalmente que los astrónomos no mentían, y esperaron el cometa. Al principio su acercamiento no parecía muy rápido, y nada de insólito había en su aspecto. Era de un rojo oscuro, con una cola apenas perceptible. Durante siete u ocho días no advertimos ningún aumento en su diámetro aparente, y su color cambió muy poco. Entretanto los negocios ordinarios de la humanidad habían sido suspendidos y todos los intereses se concentraban en las discusiones científicas referentes a la naturaleza del cometa. Aun los más ignorantes forzaban sus indolentes inteligencias para entenderlas. Y los sabios consagraron entonces su intelecto, su alma, no ya a aliviar los temores o a sostener sus amadas teorías, sino a buscar la verdad, a buscarla desesperadamente. Gemían en procura del conocimiento perfecto. La verdad se alzó en toda la pureza de su fuerza y de su excelsa majestad, y los sensatos se inclinaron y adoraron.

La opinión según la cual nuestro globo o sus habitantes sufrirían daños materiales de resultas del temible contacto, perdía diariamente fuerza entre los sabios, y a éstos les era dado ahora gobernar la razón y la fantasía de la multitud. Se demostró que la densidad del núcleo del cometa era mucho menor que la de nuestro gas más raro; el inofensivo pasaje de un visitante similar entre los satélites de Júpiter era argüido como un ejemplo convincente, capaz de calmar los temores. Los teólogos, con un celo inflamado por el miedo, insistían en la profecía bíblica, explicándola al pueblo con una precisión y una simplicidad que jamás se había visto antes. La destrucción final de la tierra se operaría por intervención del fuego; así lo enseñaban con un brío que imponía convicción por doquier; y el que los cometas no fueran de naturaleza ígnea (como todos sabían ahora) constituía una verdad que liberaba en gran medida de las aprensiones sobre la gran calamidad predicha. Es de hacer notar que los prejuicios populares y los errores del vulgo concernientes a las pestes y a las guerras —errores que antes prevalecían a cada aparición de un cometa— eran ahora completamente desconocidos.

Como naciendo de un súbito movimiento convulsivo, la razón había destronado de golpe a la superstición. La más débil de las inteligencias extraía vigor del exceso de interés”

La traducción es la de Julio Cortazar y el cuento entero se puede leer aquí:

http://cometasentrerios.blogspot.com/2014/02/el-fin-del-mundo-por-un-cometa.html


lunes, 16 de noviembre de 2020

EDGAR ALLAN POE Y LOS COMETAS (PARTE 2)

 


“La conversación de Eiros y Charmion” es un relato sobre el fin del mundo por un cometa, sumamente interesante, que ya publicamos entero en una de nuestras primeras entradas, hace casi 7 años.

El relato se estructura a partir de la conversación entre Eiros, quien murió junto con toda la humanidad, y Charmion, quien murió 10 años antes. Eiros le cuenta a Charmión el proceso de descubrimiento del cometa y los debates entre ciencia y superstición respecto a si la humanidad debía temer una aproximación cometaria a la Tierra. Una de las teorías más conocidas es que el miedo cometario que generó el cometa Biela en 1832, cuando un cálculo erróneo de su órbita hizo pensar que podía chocar con la Tierra, hasta que el Observatorio de París disipó los temores aduciendo que el cometa Biela “prácticamente no tenía masa”.

“Eiros.—Como has dicho, aquella calamidad era enteramente insospechada, pero desgracias análogas habían dado a los astrónomos motivo de discusión. Apenas necesito decirte, amiga mía, que ya cuando nos dejaste los hombres coincidían en interpretar los pasajes de las muy santas escrituras que hablan de la destrucción final de todas las cosas por el fuego, como referidos solamente al globo terráqueo. Las especulaciones, empero, sobre la causa inmediata del fin, no llegaban a ninguna conclusión desde la época en que la ciencia astronómica había despojado a los cometas del terrible carácter incendiario que antes se les atribuía. Bien establecida se hallaba la escasa densidad de aquellos cuerpos celestes. Se los había observado pasar entre los satélites de Júpiter, sin que produjeran ninguna alteración sensible en las masas o las órbitas de aquellos planetas secundarios. Hacía mucho que considerábamos a esos errabundos como creaciones vaporosas de inconcebible tenuidad, incapaces de dañar nuestro macizo globo aun en el caso de un choque directo. No sentíamos temor alguno de un contacto, pues los elementos de todos los cometas eran perfectamente conocidos. Hacía muchos años que se consideraba inadmisible buscar entre ellos al agente de la destrucción por el fuego. Pero en aquellos días finales las conjeturas y las extravagantes fantasías abundaban singularmente entre los hombres, y aunque el temor sólo asaltaba a unos pocos ignorantes, el anuncio de un nuevo cometa formulado por los astrónomos fue recibido con no sé qué agitación y desconfianza generales”.

La traducción es la de Julio Cortazar y el cuento entero se puede leer aquí:

http://cometasentrerios.blogspot.com/2014/02/el-fin-del-mundo-por-un-cometa.html


miércoles, 1 de julio de 2020

EL COMETA DEL MAL EN “MANFRED” DE LORD BYRON



Es una moda apartar del canon, incluso del restringido canon romántico, a la estrella literaria más grande, en términos de popularidad, del siglo XIX, el mefistofélico Lord Byron. Digan lo que digan, era un gran escritor y un héroe que murió luchando por la libertad de Grecia contra los turcos cuando nada lo obligaba a ello.
En “Manfred”, un drama metafísico sobre la culpa y la rebeldía frente a los designios divinos ambientado en las cimas de los Alpes, la imagen de los cometas como portadores del fuego y la destrucción es particularmente potente.
En la cima de la montaña los espíritus (externos a Manfred o en su mente) así lo hostigan, el mismo Manfred está maldito por su destino, como un cometa:
“La estrella que dirige tu destino
Regí desde antes que la tierra fuera:
Nunca un astro mas nuevo, mas divino
Enderredor del sol giró en la esfera;

Era su marcha libre y arreglada;
No albergaba el espacio mas hermosa
Estrella; la hora vino y fué tornada
Masa errante de llamas espantosa,

Vago cometa, maldición temida,
Del universo la amenaza fiera,
Por sus innatas fuerzas impelida,
Sin órbita ninguna y sin carrera,

¡Deformidad brillante en eminencia!
¡Monstruo, del cielo en las alturas puesto!”

Y así cantan los mismos espíritus al Príncipe, y principio, del Mal, Ahrimán:

“¡Salud a nuestro dueño! Señor de Tierra y Vientos
Que va por nubes y aguas, en cuya mano está
El cetro con que todos los vastos elementos
Se rasgan en el caos su acento al escuchar!

Respira ; por tormenta la mar es agitada:
Habla; se oyen las nubes con truenos contestar:
Mira ; del sol la lumbre se esconde á su mirada:
Anda; y el terremoto al mundo hace estallar.

Volcanes a sus plantas se elevan fulminantes;
Su sombra es la Epidemia; de su camino en pos,
Cometas van cruzando los cielos vacilantes,
Los astros en cenizas caen ante su furor.

La Guerra sacrificios le da todos los dias,
La Muerte su tributo, la Vida solo es de él,
Con todos sus continuos dolores y agonías
¡Él solo es el Espíritu de cuanto existe y es!”


lunes, 29 de junio de 2020

¿LOS COMETAS SON EL INFIERNO? LAS “PRISIONES FLOTANTES DE UN FUEGO INTENSO E INEXTINGUIBLE” DE SHELLEY



En un libraco antiguo encontré esta referencia cometaria curiosa. Es en un ensayo entre satírico y erudito del gran Percy B. Shelley llamado “On the Devil and devils”. El gran poeta romántico inglés cometa una vieja teoría teológica sobre la ubicación del infierno en el Sol, adonde irían a parar las almas de los condenados. Pero (la traducción y sus errores nos pertenecen): “otros han supuesto que el Infierno se distribuye entre los cometas, que constituyen, según este esquema, un conjunto de prisiones flotantes de un fuego intenso e inextinguible”, un gran poeta moderno adopta esta idea: “Un infierno errante en el espacio eterno”. Respecto a diablos y diablillos y los condenados viviendo en el Sol, no es una idea muy probable. Los cometas son más aptos para esto, salvo que algunos astrónomos han sugerido la posibilidad de que sus órbitas gradualmente se pueden volver concéntricas con las órbitas de los planetas, perder su calor y sustancia y de esa manera quedar sujetos a las mismas leyes de la vida animal y vegetal que rigen en la superficie de estos. Los demonios y los condenados, salvo una intervención divina, se transformarían en habitantes de un mundo muy agradable, y como con el tiempo terminarían siendo muy buenos amigos por la comunidad de sus desgracias y las experiencias compartidas, probablemente, cansados de sus discordias, podrían terminar por administrar los negocios de su Colonia con gran armonía y éxito”.
La ironía de Shelley se explica por la idea común a inicios del siglo XIX de que los cometas eran objetos ígneos. El “gran poeta moderno” es Lord Byron y la cita es de su poema dramático “Manfred”.

lunes, 30 de marzo de 2020

EDGAR ALLAN POE Y LOS COMETAS (PARTE I: LA INCOMPARABLE AVENTURA DE HANS PFAALL)




Esta narración de Poe nos fascina, como nos fascina la Luna. Fue publicada por entregas en 1835 en una revista y pretendía ser una historia verdadera. Pero un periódico rival comenzó la serie de publicaciones que ahora se conocen como el gran fraude lunar (“Great Moon Hoax”) y Poe, furioso por el plagio la interrumpió justo en la mejor parte. Narra como un holandés deja Rotterdam, perseguido por sus acreedores y harto de su mujer, para desaparecer por completo de la faz de la Tierra… yendo a la Luna en un globo con algunas mejoras técnicas que Poe se encarga de detallar. Lamentablemente, decíamos, Poe interrumpió las entregas justo cuando el astronauta holandés estaba por contar sus andanzas en la Luna y su vuelta a la Tierra, mientras que el viaje en sí está contado en detalle (excesivo, para quien no conoce el estado de la técnica de la época, como yo). El punto en el que más se equivoca Poe (aunque no, realmente, ya que el final sugiere que don Pfaall era un timador) es en la existencia de aire, oxígeno, en el espacio exterior  y la existencia de atmósferas en otros cuerpos celestes y para ello recurre, entre otros argumentos, a observaciones telescópicas del cometa Encke:
“Por otra parte, yo sabía que no faltaban las argumentaciones que pretendían probar la existencia de un límite atmosférico real y definido, pasado el cual no habría aire en absoluto. Pero quienes defendían tal límite habían descuidado, a mi modo de ver, un hecho que, si bien no implica una refutación lisa y llana de sus teorías, merece cuidadoso análisis. Al comparar los intervalos que median entre las sucesivas apariciones del cometa de Encke en su perihelio y observar del modo más preciso todas las perturbaciones debidas a la atracción de los planetas, se comprueba que los períodos disminuyen gradualmente, es decir, que el eje mayor de la elipse del cometa se acorta de manera lenta pero perfectamente regular. Pues bien: tal sería el caso si imaginamos la resistencia experimentada por el cometa en un medio etéreo extremadamente rarificado que reinara en las regiones en que se inscribe su órbita, pues resulta evidente que tal medio debe, al retardar la velocidad del cometa, aumentar su fuerza centrípeta mediante la desaceleración de su fuerza centrífuga. En otras palabras, la atracción solar estaría alcanzando de continuo mayor poder y así el cometa sería atraído un poco más a cada revolución. A decir verdad, no hay otro modo de explicar la variación indicada. Pero insisto: puede observarse que el diámetro real de la nebulosidad del cometa se contrae rápidamente ante la proximidad del sol, y se dilata con igual rapidez al encaminarse el astro a su afelio. ¿Me asistía o no razón al suponer con M. Valz que tal aparente condensación de volumen tiene su origen en la compresión del mismo medio etéreo al que he aludido, el cual se densifica en relación directa a su proximidad con el sol?”

sábado, 21 de diciembre de 2019

UN AFICIONADO COMETARIO EN “EL MARTILLO DE DIOS” DE ARTHUR C. CLARKE


A los que nos gusta la astronomía no podemos dejar de comprar y leer las novelas del famoso Arthur C. Clarke, un verdadero genio innovador y un visionario (por ejemplo la órbita geosincrónica de los satélites y sus utilidades futuras). Eso sí, los que tenemos ciertas inclinaciones literarias no podemos dejar de notar que las tramas giran en torno a las cuestiones tecnológicas pero son demasiado superficiales…. Y cuando se pretende ser profundo cae en el misticismo ingenuo que suele ser objeto de burla en sus propias novelas (véase sino “2001” o “El fin de la infancia”).
En “El martillo de Dios” se narra una misión a un asteroide en colisión mortal con la Tierra. Y el asteroide lo descubre, en el futuro, un astrónomo aficionado que desde Marte busca cometas. Aquí va gran parte del capítulo 14, “El aficionado”. Los que hacemos astronomía amateur, y no mera astrofotografía para las redes sociales, reconocerán que Clarke conocía la rutina y la jerga:
“Hacia fines del siglo XXI había muy pocas ciencias en las que un aficionado pudiera albergar la esperanza de hacer importantes descubrimientos, pero la astronomía, como había ocurrido siempre, seguía siendo una de ellas.
Cierto: ningún aficionado, no importaba cuán opulento fuera, podía tener la esperanza de rivalizar con el equipo de empleo habitual por parte de los grandes observatorios de la Tierra, de la Luna y de los que estaban en órbita. Pero los profesionales se especializaban en estrechos campos de estudio, y el Universo es tan enorme que nunca podían mirar más que una diminuta fracción de él por vez. Todavía quedaba mucho para que lo explorasen fanáticos llenos de energía e información. No era preciso poseer un telescopio muy grande para encontrar algo que nadie más hubiera visto, si se sabía cómo emprender la búsqueda.
Las obligaciones del doctor Angus Millar, en su calidad de jefe del Registro Civil del Centro Médico de Puerto Lowell, no eran exigentes precisamente. A diferencia de los colonos terrestres, los pobladores de Marte no tenían enfermedades nuevas y exóticas contra las que enfrentarse, y la mayor parte del trabajo de un médico consistía en habérselas con accidentes. Cierto era que algunos peculiares defectos óseos habían surgido en las segunda y tercera generaciones, debido, sin duda alguna, a la escasa gravedad, pero la cumbre médica confiaba en que podría lidiar con ellos antes de que se convirtieran en algo grave.
Merced al vasto tiempo libre que tenía, el doctor Millar era uno de los pocos astrónomos aficionados de Marte. En el curso de los anos había construido una serie de reflectores, bruñendo, puliendo y azogando los espejos mediante técnicas que miles de devotos elaboradores de telescopios habían perfeccionado en un lapso de siglos.
Al principio había pasado mucho tiempo observando el planeta Tierra, a pesar de los divertidos comentarios de sus amigos:
—¿Por qué molestarse? —habían preguntado—. Realmente está bastante bien explorada. Hasta se presume que alberga formas inteligentes de vida.
Pero quedaron en silencio cuando Millar les mostró el hermoso cuarto creciente azul que colgaba en el espacio, junto con la más pequeña, pero en idéntica fase, Luna, que flotaba al lado. Toda la historia, con la salvedad de los más recientes instantes, se encontraba ahí, en el campo visual del telescopio. No importaba cuán lejos se adentrara en el universo, la especie humana nunca podría cortar del todo los lazos con el planeta natal.
Sin embargo, los que criticaban sí tenían un argumento a favor: la Tierra no era tema muy gratificante de observación. Mucho de ella generalmente estaba cubierto por nubes y, cuando se encontraba en su punto de mayor proximidad, hacia Marte únicamente miraba la faz que se hallaba en la oscuridad de la noche, por lo que todos los detalles naturales eran invisibles. Un siglo antes, el "lado oscuro" de la Tierra había sido cualquier cosa menos eso, pues megavatios de electricidad se derrochaban perdiéndolos hacia el cielo. Aunque una sociedad más consciente de la necesidad de ahorrar energía había puesto coto a los peores abusos, la mayor parte de las ciudades de cualquier tamaño todavía se podían advertir fácilmente como refulgentes islas de luz.
El doctor Millar deseaba haber podido estar por ahí en la fecha terrestre del 10 de noviembre de 2084, para observar ese poco frecuente y hermoso fenómeno, el del tránsito de la Tierra de un extremo al otro de la faz del Sol: el planeta había parecido una mancha solar pequeña y perfectamente circular mientras se desplazaba con lentitud a través del disco del Sol pero, en el punto medio de su paso, una brillante estrella había resplandecido en su centro: baterías de láseres ubicados en la cara oscura de la Tierra estaban saludando, en el cielo de medianoche, al Planeta Rojo que ahora constituía el segundo hogar de la humanidad. Todo Marte había estado observando, y al acontecimiento todavía se lo rememoraba en tono de temor reverencial.
Había otra fecha en lo pasado, empero, por la que el doctor Millar sentía particular afinidad, debido a una coincidencia perfectamente trivial que no tenía interés más que para el propio Millar: a uno de los cráteres más grandes de Marte se lo había bautizado con el nombre de otro astrónomo aficionado, del que daba la casualidad que compartía con Millar la fecha de nacimiento... sólo que dos siglos antes.
No bien buenas fotografías del planeta empezaron a llegar desde las primeras sondas espaciales, encontrar nombre para todos los miles de formaciones nuevas se transformó en un problema serio. Algunas elecciones fueron obvias: astrónomos, científicos y exploradores famosos, como Copérnico, Kepler, Colón, Newton, Darwin, Einstein. A continuación vinieron los autores relacionados con el planeta: Wells, Burroughs, Weinbaum, Heinlein, Bradbury. Y, después, una miscelánea lista de obscuros sitios y personas de la Tierra, algunos de los cuales no tenían más que sumamente tenues conexiones con Marte.
Los nuevos habitantes del planeta no siempre estaban felices con los nombres de localidades que les habían legado, y tenían que utilizar en su vida cotidiana: ¿quién, o qué, de la Tierra, y ni qué hablar de Marte, eran Dank, Dia-Cau, Eil, Gagra, Kagul, Surt, Tiwi, Waspam, Yat?
Los revisionistas siempre estaban creando agitación para conseguir nombres más adecuados y de sonido más agradable, y la mayoría de la gente estaba de acuerdo con ellos. Así que se estableció una comisión permanente para lidiar con el problema, aun cuando ese apenas era el más peliagudo de los que afectaban la supervivencia humana en Marte. Como todo el mundo sabía que él tenía tiempo libre de sobra y que estaba interesado en la astronomía, resultó inevitable que al doctor Millar se lo votara para que formara parte de la comisión.
—¿Por qué —se le preguntó un día— uno de los cráteres más grandes de Marte se debe llamar Molesworth? ¡Tiene un diámetro de ciento setenta y cinco kilómetros! ¿Quién demonios fue Molesworth?
Después de investigar un poco, y de enviar varios costosos faxes espaciales a la Tierra, Millar estuvo en condiciones de responder esta pregunta: Percy B. Molesworth fue un ingeniero en ferrocarriles y astrónomo aficionado británico que, a comienzos del siglo XX, trazó y publicó muchos dibujos de Marte. La mayor parte de las observaciones las hizo desde la isla ecuatorial de Ceilán, en la que murió en 1908, a la temprana edad de cuarenta y un años.
El doctor Millar estaba impresionado: Molesworth debió de haber amado Marte, y merecía su cráter. La trivial coincidencia de que hubieran nacido el mismo día, según el calendario terrestre, también le daba a Millar una sensación ilógica de parentesco y, en ocasiones, miraba hacia la Tierra a través de su propio telescopio, para encontrar la isla en la que Molesworth había transcurrido mucho de su corta vida. Como el Océano Índico generalmente estaba cubierto por nubes, Millar la halló nada más que una vez, pero esa fue una experiencia inolvidable. Se preguntó qué habría pensado el joven británico de haber sabido que algún día ojos humanos iban a contemplar su hogar desde Marte.
El médico ganó su batalla para salvar a Molesworth —a decir verdad, cuando presentó su alegato no hubo decidida oposición—, pero eso modificó su propia actitud hacia lo que no había sido más que un pasatiempo absorbente: quizá también él podría hacer un descubrimiento que llevara su nombre a través de los siglos.
Iba a alcanzar el éxito en grado mucho mayor que el que se hubiera atrevido a soñar.

Aunque en aquel entonces era un niño, el doctor Millar nunca olvidó el espectacular regreso del cometa Halley, en 2061. No hay duda de que eso tuvo algo que ver con el siguiente paso que dio: a muchos cometas, entre ellos algunos de los más famosos, los habían descubierto aficionados que, de esa manera, se habían asegurado la inmortalidad al imprimir su nombre en los cielos. Allá en la Tierra, pocos siglos atrás, la receta para triunfar había sido sencilla: un telescopio bueno (pero no especialmente grande), cielo límpido, el conocimiento profundo del cielo nocturno, paciencia... y una buena dosis de suerte.
El doctor Millar empezó con varias ventajas importantes sobre sus precursores terrestres: siempre contó con cielos límpidos y, a pesar de los sinceros esfuerzos de los que intentaban transformar Marte en otra Tierra, esos cielos habrían de mantenerse así durante las siguientes generaciones. Debido a su mayor distancia del Sol, Marte también era una plataforma de observación ligeramente mejor que la Tierra. Pero, y esto era lo más importante de todo, la búsqueda se podía automatizar en gran medida: ya no era necesario recordar de memoria los campos estelares, como habían hecho algunos de los veteranos, por lo que se podía reconocer un intruso en forma instantánea. Hacía mucho ya que la fotografía había vuelto anticuado ese método: sólo era necesario hacer dos tomas con algunas horas de diferencia entre una y otra y, después, compararlas, para ver si algo había cambiado de posición. Si bien eso se podía hacer en los ratos de ocio, sentado cómodamente dentro de una habitación y no tiritando en la fría noche, seguía siendo tedioso en extremo. El joven Clyde Tombaugh, allá por la década de 1930, literalmente había revisado millones de imágenes de estrellas antes de descubrir a Plutón.
El método fotográfico había durado más de un siglo, antes de que se lo reemplazara por la electrónica: una sensible cámara de televisión podía recorrer el cielo y guardar la imagen estelar resultante, para después regresar y volver a mirar más tarde. En cuestión de segundos, un programa de computadora podía hacer lo que a Clyde Tombaugh le había tomado meses: pasar por alto todos los objetos estacionarios y "clavarle banderillas" a cualquier cosa que se hubiera desplazado.
En realidad, no era tan sencillo. Un programa ingenuo volvería a descubrir centenares de asteroides y satélites conocidos, por no mencionar los millares de pedazos de basura espacial fabricada por el hombre. A todos esos objetos se los debía comparar con catálogos, pero también eso se podía realizar en forma automática. Cualquier cosa que sobreviviera ese proceso de filtrado probablemente iba a ser... interesante.
El equipo físico para investigación automática y sus programas no eran especialmente costosos pero, al igual que con muchos artículos no esenciales de alta tecnología, no se los podía conseguir en Marte. Así que el doctor Millar tuvo que esperar varios meses antes de que una de las empresas terrestres proveedoras de material científico se los pudiera despachar... nada más que para descubrir, como suele ocurrir con tanta frecuencia, que no había venido un componente esencial. Después de un áspero intercambio de faxes espaciales, el problema quedó resuelto. Por fortuna, el médico no tuvo que esperar a que arribara la próxima nave correo: cuando el proveedor desembuchó de mala gana los detalles del circuito, los expertos locales lograron conseguir que el sistema entrase en operación.
Funcionaba a la perfección. La mismísima noche siguiente, el doctor Millar quedó encantado al descubrir Deimos, quince satélites de comunicaciones, dos naves de trasbordo en tránsito, y el vuelo que llegaba desde la Luna. Por supuesto, sólo había explorado una pequeña parte del cielo (aun en torno de Marte, el espacio se estaba poblando en demasía. Con razón le habían ofrecido un precio bastante bueno por el equipo: le sería virtualmente inútil debajo de las nubes de desechos espaciales que ahora giraban en órbita alrededor de la Tierra.
En el curso del año siguiente, el médico descubrió dos asteroides nuevos, de menos de cien metros de ancho, e intentó bautizarlos Miranda y Lorna, en honor de su esposa y hija. La Unión Astronómica Interplanetaria aceptó el último, pero señaló que Miranda era un famoso satélite de Urano. El doctor Millar, claro está, sabía eso tan bien como la UAI, pero creyó que valía la pena intentarlo en aras de la armonía doméstica. Finalmente accedieron a que fuese Mira: no era factible que alguien confundiera un asteroide de un centenar de metros con una estrella roja gigante.
A pesar de varias falsas alarmas, Millar no encontró algo nuevo durante otro año y ya estaba a punto de rendirse, cuando el programa informó sobre una anomalía: había observado un objeto que parecía estar desplazándose, pero con tanta lentitud que no podía tener certeza, dentro de los límites de error. Sugirió hacer otra observación después de un lapso más prolongado, para resolver la cuestión en un sentido o en otro.
El doctor Millar miró el diminuto punto de luz. Pudo haber sido una estrella tenue, pero los catálogos mostraban que nada había en ese lugar. Para decepción suya, no había vestigios de la aureola borrosa que habría indicado que se trataba de un cometa. "Nada más que otro remaldito asteroide", pensó. "Casi ni vale la pena molestarse en perseguirlo." Sin embargo, Miranda pronto habría de darle una nueva hija: sería lindo tener un regalo para el día de su nacimiento...

Era un asteroide, situado justamente más allá de la órbita de Júpiter. El doctor Millar dispuso la computadora para que calculara la órbita aproximada del cuerpo, y quedó sorprendido al descubrir que Myrna, como había decidido llamarlo, se acercaba bastante a la Tierra. Eso hacía que fuera algo más interesante.
Millar nunca pudo conseguir que le reconocieran el nombre. Antes que la UAI  pudiese aprobarlo, observaciones adicionales le calcularon una órbita mucho más precisa.
Y, entonces, solamente fue posible un nombre: Kali, la Diosa de la Destrucción.