Esta década de los 2020 ha sido bastante pródiga en
cometas espectaculares, debemos reconocerle a la fortuna estos años, como antes
nos quejamos de sequías cometarias. Pero los grandes cometas traen grandes
expectativas. Con los cometas Atlas de fines de 2024 e inicios de 2025 se
volvió a plantear lo que he pensado como un ciclo en relación con los cometas
que se anuncian espectaculares, que se podría groseramente representar así:
1) Se anuncia en una revista especializada un posible
cometa espectacular, en base a una serie de parámetros. Recordemos que los
cometas son impredecibles, porque cuando se descubren no sabemos nada sobre su
núcleo, y el comportamiento de éste es altamente aleatorio hasta que no pasa
cerca del Sol.
2) Los divulgadores de la astronomía transmiten la
información, con el entusiasmo que solemos tener por estas cosas. Algunos se
referirán a dicha imprevisibilidad, otros directamente prefieren centrarse en lo
espectacular (tiranía de los likes). No todos los divulgadores, ni aficionados,
conocen datos básicos de la observación de los cometas, por ejemplo, piensan
que las magnitudes estimadas del Minor Planet Center que aparecen en programas
como Stellarium tienen la misma veracidad que la información astrométrica.
3) La información llega a los medios tradicionales de
comunicación. Ahí empiezan los problemas, ya que los periodistas suelen creer
que lo saben todo y suelen no saber nada de nada. Ahí aparecen generalmente los
adjetivos “del siglo” (que no podemos atribuir hasta 2100), “a simple vista”
(que no hay manera de saber que suceda), “más brillante que Venus” (pero
solamente en las cámaras de Soho, sin saber que esa luminosidad no es puntual
sino difusa), etc.
4) Se genera una gran expectativa, que se refuerza con
los astrofotógrafos y sus imágenes espectaculares del cometa al lado de
edificios, por ejemplo. Es natural pensar que así se ve, si así aparece en una
foto… pero las fotos son producto de equipos espectaculares y programas súper
avanzados, así como de la extraordinaria habilidad del fotógrafo. Por no hablar
del rol que puede estar jugando la inteligencia artificial en el procesamiento
de imágenes que quieren ser espectaculares y no de valor observacional (en pos
de acentuar el brillo muchas veces se pierden detalles que el entendido sabe
que están).
5) Esas expectativas, generadas por la prensa y apoyadas
en imágenes espectacular, terminan (casi) inevitablemente con desilusión: el
cometa a simple vista no se ve, o casi no se ve, más que una manchita. Es que
los cielos han cambiado, los cometas espectaculares de hace no más de 50 años
atrás no volverán sino cortamos un poco con la contaminación lumínico. El
auténtico cometa del siglo, hasta ahora, el McNaught de 2007, tardará en
repetirse y, probablemente, no lo haga si nuestros cielos se siguen
deteriorando. No tiene sentido enojarnos con los cometas y hablar de “fiasco”,
son nuestras luces parásitas, inútiles y malditas.
Este razonamiento se me ocurrió luego del C/2023 A3
Tsuchinshan-Atlas, que fue un cometa espectacular pero que en Argentina no se
vio tan claramente a simple vista como en otros países, y que generó el
apelativo de “fiasco”. Y pareció que la historia con C/2024 g3 Atlas iba a ser
la misma, pero por suerte fue espectacular y se vio espectacular a simple
vista. Pero, no olvidemos que los cometas son impredecibles y que los
disfrutaremos en los años próximos con binoculares o telescopios.
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