domingo, 19 de enero de 2020

LOS COMETAS Y LA VIDA. RASTREAN FÓSFORO EN EL 67/P

Fuente:
https://rastreadoresdecometas.wordpress.com/2020/01/15/alma-y-rosetta-mapean-el-viaje-del-fosforo/



ALMA y Rosetta mapean el viaje del fósforo

 El fósforo, presente en nuestro ADN y en nuestras membranas celulares, es un elemento esencial para la vida tal y como la conocemos. Pero aún no sabemos cómo llegó a la Tierra primitiva. Un equipo de astrónomos ha rastreado el viaje del fósforo, desde las regiones de formación de estrellas hasta los cometas, combinando las capacidades de ALMA y de la sonda Rosetta, de la Agencia Espacial Europea. Su investigación muestra, por primera vez, dónde se forman moléculas que contienen fósforo, cómo se transporta este elemento en los cometas, y cómo una molécula en particular puede haber jugado un papel crucial en el inicio de la vida en nuestro planeta.
“La vida apareció en la Tierra hace unos 4.000 millones de años, pero todavía no conocemos los procesos que lo hicieron posible”, afirma Víctor Rivilla, autor principal de un nuevo estudio publicado hoy en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. Los nuevos resultados de la instalación ALMA (Atacama Large Millimeter/Submillimeter Array), de la cual es socio el Observatorio Europeo Austral (ESO), y del instrumento ROSINA, a bordo de Rosetta, muestran que el monóxido de fósforo es una pieza clave en el rompecabezas del origen de la vida.
Con las capacidades de ALMA, que permitió una mirada profunda y detallada de la región de formación de estrellas AFGL 5142, los astrónomos pudieron identificar dónde se forman algunas moléculas portadoras de fósforo, como el monóxido de fósforo. Entre las estrellas, hay regiones de gas y polvo en forma de nubes en las que nacen nuevas estrellas y sistemas planetarios, haciendo de estas nubes interestelares los lugares ideales para iniciar la búsqueda de los ladrillos básicos necesarios para la construcción de la vida.
Las observaciones de ALMA mostraron que las moléculas portadoras de fósforo se crean a medida que se forman estrellas masivas. Los flujos de gas que emanan de las estrellas masivas jóvenes abren cavidades en las nubes interestelares. En las paredes de esas cavidades, se forman moléculas que contienen fósforo a través de la acción combinada de choques y radiación de la estrella que está naciendo. Los astrónomos también han demostrado que el monóxido de fósforo es la molécula portadora de fósforo más abundante en las paredes de la cavidad.
Tras buscar esta molécula en las regiones de formación estelar con ALMA, el equipo europeo pasó a un objeto del Sistema Solar: el ahora famoso cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. La idea era seguir el rastro de estos compuestos portadores de fósforo. Si las paredes de la cavidad colapsan para formar una estrella (en concreto una menos masiva, como el Sol), el monóxido de fósforo puede congelarse y quedar atrapado en los granos de polvo helados que permanecen alrededor de la nueva estrella. Incluso antes de que la estrella esté completamente formada, esos granos de polvo se unen para formar guijarros, rocas y, en última instancia, cometas, que se convierten en transportadores de monóxido de fósforo.
ROSINA, que proviene de Rosetta Orbiter Spectrometer for Ion and Neutral Analysis (espectrómetro orbital de Rosetta para el análisis iónico y neutral), recopiló datos de 67P durante dos años mientras Rosetta orbitaba el cometa. Anteriormente, equipos de astrónomos ya habían encontrado indicios de fósforo en los datos de ROSINA, pero no sabían qué molécula lo había llevado hasta allí. Kathrin Altwegg, investigadora principal de Rosina y una de las autoras del nuevo estudio, ofreció una pista sobre cuál podría ser esa molécula después de ser abordada en una conferencia por un astrónomo que estudiaba regiones de formación de estrellas con ALMA: “Ella dijo que el monóxido de fósforo sería un candidato muy probable, así que volví a nuestros datos y ¡allí estaba!”.
Esta primera detección de monóxido de fósforo en un cometa ayuda a los astrónomos a establecer una conexión entre las regiones de formación de estrellas, donde se crea la molécula, hasta la Tierra.
“La combinación de los datos ALMA y ROSINA ha revelado una especie de hilo químico durante todo el proceso de formación estelar en el que el monóxido de fósforo juega el papel principal”, afirma Rivilla, investigador del Observatorio Astrofísico Arcetri del INAF (Instituto Nacional de Astrofísica de Italia).
“El fósforo es esencial para la vida tal y como la conocemos”, añade Altwegg. “Dado que es muy probable que los cometas proporcionaran grandes cantidades de compuestos orgánicos a la Tierra, el monóxido de fósforo detectado en el cometa 67P puede fortalecer el vínculo entre los cometas y la vida en la Tierra”.
Este intrigante viaje podría documentarse finalmente gracias a los esfuerzos de colaboración entre profesionales de la astronomía. “La detección del monóxido de fósforo se debió claramente a un intercambio interdisciplinar entre telescopios basados en tierra e instrumentos situados en el espacio”, dice Altwegg.
Leonardo Testi, astrónomo de ESO y responsable de operaciones de ALMA en Europa, concluye: “Entender nuestros orígenes cósmicos, incluyendo cuán comunes son las condiciones químicas favorables para el surgimiento de la vida, es un tema importante de la astrofísica moderna. Mientras que ESO y ALMA se centran en las observaciones de moléculas en sistemas planetarios jóvenes distantes, la exploración directa del inventario químico dentro de nuestro Sistema Solar es posible gracias a misiones de la ESA como Rosetta. La sinergia entre las instalaciones terrestres y espaciales líderes en el mundo, a través de la colaboración entre ESO y la ESA, es un poderoso activo para los investigadores europeos y da lugar a descubrimientos transformadores como el que se da a conocer en este artículo”.

viernes, 10 de enero de 2020

COMETA HALE-BOPP DESDE LOS TRANSBORDADES ESPACIALES





No son tan recordadas las observaciones cometarias que las distintas tripulaciones de los transbordadores espaciales realizaron durante tantos años de misiones en órbita terrestre. Uno de los cometas observador fue el infame Hale-Bopp, usado como excusa para el suicidio en masa de los integrantes de la secta Heaven’s Gate.  Se repitieron las observaciones en varias misiones, en la STS-82 del Discovery, el astronauta Steve Hawley lo describió así: “Las cámaras de TV no le hacen justicia. Con los binoculares que llevamos a bordo se ve muy impresionante. Parece tener dos colas, una tres veces más grande que la otra. Realmente una vista espectacular, y arriba de la atmósfera es el lugar ideal para observarlo”.
En la misión STS-85 se lograron estas imágenes:





Pero fue en la misión STS-83 del Columbia donde se lograron las imágenes más espectaculares, como la de arriba, con el cometa enmarcado en la luz de las auroras boreales, o la de abajo, con la lumiscencia nocturna de nuestra atmósfera (airglow):



lunes, 30 de diciembre de 2019

COMETA GATUNO



Los extraños paisajes cometarios que la sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea obtuvo en su misión al 67P/Churyumov-Gerasimenko nos siguen asombrando. Un mundo montañoso muy distinto a las “bolas de nieve sucias” con las que crecimos como modelo de lo que era la superficie del núcleo de un cometa. Una muestra de ello es esta extraña imagen de dos picos gemelos que la propia Agencia Espacial Europea calificó de “Cat Comet”. La imagen forma parte del maravilloso sitio en el que se archivan las imágenes obtenidas por la misión y que recomendamos visitar: https://rosetta-osiris.eu/

sábado, 28 de diciembre de 2019

RECUPERAR EL HONOR POR UN COMETA. LOS COMETAS DE KAOURA IKEYA.



La tradición japonesa de descubrimientos cometarios por aficionados es fascinante, y ya hemos dedicado varias entradas al tema. La historia de Kaoura Ikeya también es fascinante. Vean si no:
“El 2 de enero de 1963, este aficionado de diecinueve años descubrió su primer cometa. Al día siguiente, los periodistas de la radio y la televisión invadieron su casa e Ikeya se convirtió en un héroe del Japón.
La historia de Ikeya cautivó la imaginación del público. Una historia que empieza unos años antes cuando el negocio de su padre comenzó a declinar y el buen hombre se puso a beber para olvidar las congojas. Las cosas empeoraron, la familia se convirtió en la vergüenza del vecindario, cosa insoportable en un país en el que el orgullo familiar constituye una de las razones de vivir. La madre se vio obligada a trabajar de asistenta en un hotel y el muchacho repartía periódicos por la mañana, antes de ir a la escuela, a fin de ayudar a cubrir el presupuesto familiar. Todos los días se levantaba a las cinco de la mañana para cumplir su tarea y durante los meses que siguieron atravesó un período de depresión. Después decidió que le incumbía a él precisamente sacar a la familia de la suerte en que su padre la había hundido. Pero ¿cómo? A la sazón, tenía quince años, nada más. La astronomía le fascinaba y pensó que si podía unir el deshonrado nombre de su familia a un cometa nuevo, la gloria sustituiría a la vergüenza. Pero esta idea no era más que un sueño de estudiante. El muchacho salió del colegio en 1959 para trabajar en una fábrica de pianos: Entonces empezó a construir su telescopio y dedicó todos sus ocios a este proyecto, y al cabo de dos años de trabajo, el instrumento quedó listo. Noche tras noche, observaba el cielo con una perseverancia notable; pero al cabo de varios meses el desaliento empezaba a invadirle. Decidió escribirle a Honda, célebre en todo el Japón por haber descubierto nueve cometas. Éste le respondió con unas palabras de ánimo y aliento, y la búsqueda continuó. Dieciséis meses más tarde, en enero de 1963, Ikeya descubrió por fin su primer cometa; luego, en junio de 1964 el segundo, y en 1965, con Seki, el tercero, el famoso cometa Ikeya-Seki, que fue visible en pleno día a simple vista. Más, para él, el día más grande fue el 2 de enero de 1963, cuando el honor de su familia reapareció bajo la forma de un cometa que llevaba su nombre”.
Fuente: “Los cometas de la antigüedad a la era espacial”, de Philipe Veron y Jean-Claude Ribes, Editorial ATE, Barcelona, 1979, páginas 148-149.

jueves, 26 de diciembre de 2019

DOS COMETAS

Los aficionados cometarios seguramente conocen la web "Cometografía", del español José j. Chambó, uno de los máximos referentes a nivel mundial de la fotografía de cometas. Esta imagen le pertenece:

El 7 de Septiembre de 2019 los cometas C/2018 N2 (ASASSN) y 260P/McNaught se cruzaron en el cielo sobre este campo lleno de pequeñas galaxias en la constelación de Aries. Su distancia angular mínima fue sólo de 10 minutos de arco, aunque sólo fruto de nuestra perspectiva desde la Tierra, pues ambos cometas estaban a mucha distacia uno del otro; abajo el cometa 260P/McNaught a 0.6 UA y arriba el cometa C/2018 N2 (ASASSN) a 2.6 UA, dos veces la distancia de la Tierra al Sol les separa.
Fuente:

sábado, 21 de diciembre de 2019

UN AFICIONADO COMETARIO EN “EL MARTILLO DE DIOS” DE ARTHUR C. CLARKE


A los que nos gusta la astronomía no podemos dejar de comprar y leer las novelas del famoso Arthur C. Clarke, un verdadero genio innovador y un visionario (por ejemplo la órbita geosincrónica de los satélites y sus utilidades futuras). Eso sí, los que tenemos ciertas inclinaciones literarias no podemos dejar de notar que las tramas giran en torno a las cuestiones tecnológicas pero son demasiado superficiales…. Y cuando se pretende ser profundo cae en el misticismo ingenuo que suele ser objeto de burla en sus propias novelas (véase sino “2001” o “El fin de la infancia”).
En “El martillo de Dios” se narra una misión a un asteroide en colisión mortal con la Tierra. Y el asteroide lo descubre, en el futuro, un astrónomo aficionado que desde Marte busca cometas. Aquí va gran parte del capítulo 14, “El aficionado”. Los que hacemos astronomía amateur, y no mera astrofotografía para las redes sociales, reconocerán que Clarke conocía la rutina y la jerga:
“Hacia fines del siglo XXI había muy pocas ciencias en las que un aficionado pudiera albergar la esperanza de hacer importantes descubrimientos, pero la astronomía, como había ocurrido siempre, seguía siendo una de ellas.
Cierto: ningún aficionado, no importaba cuán opulento fuera, podía tener la esperanza de rivalizar con el equipo de empleo habitual por parte de los grandes observatorios de la Tierra, de la Luna y de los que estaban en órbita. Pero los profesionales se especializaban en estrechos campos de estudio, y el Universo es tan enorme que nunca podían mirar más que una diminuta fracción de él por vez. Todavía quedaba mucho para que lo explorasen fanáticos llenos de energía e información. No era preciso poseer un telescopio muy grande para encontrar algo que nadie más hubiera visto, si se sabía cómo emprender la búsqueda.
Las obligaciones del doctor Angus Millar, en su calidad de jefe del Registro Civil del Centro Médico de Puerto Lowell, no eran exigentes precisamente. A diferencia de los colonos terrestres, los pobladores de Marte no tenían enfermedades nuevas y exóticas contra las que enfrentarse, y la mayor parte del trabajo de un médico consistía en habérselas con accidentes. Cierto era que algunos peculiares defectos óseos habían surgido en las segunda y tercera generaciones, debido, sin duda alguna, a la escasa gravedad, pero la cumbre médica confiaba en que podría lidiar con ellos antes de que se convirtieran en algo grave.
Merced al vasto tiempo libre que tenía, el doctor Millar era uno de los pocos astrónomos aficionados de Marte. En el curso de los anos había construido una serie de reflectores, bruñendo, puliendo y azogando los espejos mediante técnicas que miles de devotos elaboradores de telescopios habían perfeccionado en un lapso de siglos.
Al principio había pasado mucho tiempo observando el planeta Tierra, a pesar de los divertidos comentarios de sus amigos:
—¿Por qué molestarse? —habían preguntado—. Realmente está bastante bien explorada. Hasta se presume que alberga formas inteligentes de vida.
Pero quedaron en silencio cuando Millar les mostró el hermoso cuarto creciente azul que colgaba en el espacio, junto con la más pequeña, pero en idéntica fase, Luna, que flotaba al lado. Toda la historia, con la salvedad de los más recientes instantes, se encontraba ahí, en el campo visual del telescopio. No importaba cuán lejos se adentrara en el universo, la especie humana nunca podría cortar del todo los lazos con el planeta natal.
Sin embargo, los que criticaban sí tenían un argumento a favor: la Tierra no era tema muy gratificante de observación. Mucho de ella generalmente estaba cubierto por nubes y, cuando se encontraba en su punto de mayor proximidad, hacia Marte únicamente miraba la faz que se hallaba en la oscuridad de la noche, por lo que todos los detalles naturales eran invisibles. Un siglo antes, el "lado oscuro" de la Tierra había sido cualquier cosa menos eso, pues megavatios de electricidad se derrochaban perdiéndolos hacia el cielo. Aunque una sociedad más consciente de la necesidad de ahorrar energía había puesto coto a los peores abusos, la mayor parte de las ciudades de cualquier tamaño todavía se podían advertir fácilmente como refulgentes islas de luz.
El doctor Millar deseaba haber podido estar por ahí en la fecha terrestre del 10 de noviembre de 2084, para observar ese poco frecuente y hermoso fenómeno, el del tránsito de la Tierra de un extremo al otro de la faz del Sol: el planeta había parecido una mancha solar pequeña y perfectamente circular mientras se desplazaba con lentitud a través del disco del Sol pero, en el punto medio de su paso, una brillante estrella había resplandecido en su centro: baterías de láseres ubicados en la cara oscura de la Tierra estaban saludando, en el cielo de medianoche, al Planeta Rojo que ahora constituía el segundo hogar de la humanidad. Todo Marte había estado observando, y al acontecimiento todavía se lo rememoraba en tono de temor reverencial.
Había otra fecha en lo pasado, empero, por la que el doctor Millar sentía particular afinidad, debido a una coincidencia perfectamente trivial que no tenía interés más que para el propio Millar: a uno de los cráteres más grandes de Marte se lo había bautizado con el nombre de otro astrónomo aficionado, del que daba la casualidad que compartía con Millar la fecha de nacimiento... sólo que dos siglos antes.
No bien buenas fotografías del planeta empezaron a llegar desde las primeras sondas espaciales, encontrar nombre para todos los miles de formaciones nuevas se transformó en un problema serio. Algunas elecciones fueron obvias: astrónomos, científicos y exploradores famosos, como Copérnico, Kepler, Colón, Newton, Darwin, Einstein. A continuación vinieron los autores relacionados con el planeta: Wells, Burroughs, Weinbaum, Heinlein, Bradbury. Y, después, una miscelánea lista de obscuros sitios y personas de la Tierra, algunos de los cuales no tenían más que sumamente tenues conexiones con Marte.
Los nuevos habitantes del planeta no siempre estaban felices con los nombres de localidades que les habían legado, y tenían que utilizar en su vida cotidiana: ¿quién, o qué, de la Tierra, y ni qué hablar de Marte, eran Dank, Dia-Cau, Eil, Gagra, Kagul, Surt, Tiwi, Waspam, Yat?
Los revisionistas siempre estaban creando agitación para conseguir nombres más adecuados y de sonido más agradable, y la mayoría de la gente estaba de acuerdo con ellos. Así que se estableció una comisión permanente para lidiar con el problema, aun cuando ese apenas era el más peliagudo de los que afectaban la supervivencia humana en Marte. Como todo el mundo sabía que él tenía tiempo libre de sobra y que estaba interesado en la astronomía, resultó inevitable que al doctor Millar se lo votara para que formara parte de la comisión.
—¿Por qué —se le preguntó un día— uno de los cráteres más grandes de Marte se debe llamar Molesworth? ¡Tiene un diámetro de ciento setenta y cinco kilómetros! ¿Quién demonios fue Molesworth?
Después de investigar un poco, y de enviar varios costosos faxes espaciales a la Tierra, Millar estuvo en condiciones de responder esta pregunta: Percy B. Molesworth fue un ingeniero en ferrocarriles y astrónomo aficionado británico que, a comienzos del siglo XX, trazó y publicó muchos dibujos de Marte. La mayor parte de las observaciones las hizo desde la isla ecuatorial de Ceilán, en la que murió en 1908, a la temprana edad de cuarenta y un años.
El doctor Millar estaba impresionado: Molesworth debió de haber amado Marte, y merecía su cráter. La trivial coincidencia de que hubieran nacido el mismo día, según el calendario terrestre, también le daba a Millar una sensación ilógica de parentesco y, en ocasiones, miraba hacia la Tierra a través de su propio telescopio, para encontrar la isla en la que Molesworth había transcurrido mucho de su corta vida. Como el Océano Índico generalmente estaba cubierto por nubes, Millar la halló nada más que una vez, pero esa fue una experiencia inolvidable. Se preguntó qué habría pensado el joven británico de haber sabido que algún día ojos humanos iban a contemplar su hogar desde Marte.
El médico ganó su batalla para salvar a Molesworth —a decir verdad, cuando presentó su alegato no hubo decidida oposición—, pero eso modificó su propia actitud hacia lo que no había sido más que un pasatiempo absorbente: quizá también él podría hacer un descubrimiento que llevara su nombre a través de los siglos.
Iba a alcanzar el éxito en grado mucho mayor que el que se hubiera atrevido a soñar.

Aunque en aquel entonces era un niño, el doctor Millar nunca olvidó el espectacular regreso del cometa Halley, en 2061. No hay duda de que eso tuvo algo que ver con el siguiente paso que dio: a muchos cometas, entre ellos algunos de los más famosos, los habían descubierto aficionados que, de esa manera, se habían asegurado la inmortalidad al imprimir su nombre en los cielos. Allá en la Tierra, pocos siglos atrás, la receta para triunfar había sido sencilla: un telescopio bueno (pero no especialmente grande), cielo límpido, el conocimiento profundo del cielo nocturno, paciencia... y una buena dosis de suerte.
El doctor Millar empezó con varias ventajas importantes sobre sus precursores terrestres: siempre contó con cielos límpidos y, a pesar de los sinceros esfuerzos de los que intentaban transformar Marte en otra Tierra, esos cielos habrían de mantenerse así durante las siguientes generaciones. Debido a su mayor distancia del Sol, Marte también era una plataforma de observación ligeramente mejor que la Tierra. Pero, y esto era lo más importante de todo, la búsqueda se podía automatizar en gran medida: ya no era necesario recordar de memoria los campos estelares, como habían hecho algunos de los veteranos, por lo que se podía reconocer un intruso en forma instantánea. Hacía mucho ya que la fotografía había vuelto anticuado ese método: sólo era necesario hacer dos tomas con algunas horas de diferencia entre una y otra y, después, compararlas, para ver si algo había cambiado de posición. Si bien eso se podía hacer en los ratos de ocio, sentado cómodamente dentro de una habitación y no tiritando en la fría noche, seguía siendo tedioso en extremo. El joven Clyde Tombaugh, allá por la década de 1930, literalmente había revisado millones de imágenes de estrellas antes de descubrir a Plutón.
El método fotográfico había durado más de un siglo, antes de que se lo reemplazara por la electrónica: una sensible cámara de televisión podía recorrer el cielo y guardar la imagen estelar resultante, para después regresar y volver a mirar más tarde. En cuestión de segundos, un programa de computadora podía hacer lo que a Clyde Tombaugh le había tomado meses: pasar por alto todos los objetos estacionarios y "clavarle banderillas" a cualquier cosa que se hubiera desplazado.
En realidad, no era tan sencillo. Un programa ingenuo volvería a descubrir centenares de asteroides y satélites conocidos, por no mencionar los millares de pedazos de basura espacial fabricada por el hombre. A todos esos objetos se los debía comparar con catálogos, pero también eso se podía realizar en forma automática. Cualquier cosa que sobreviviera ese proceso de filtrado probablemente iba a ser... interesante.
El equipo físico para investigación automática y sus programas no eran especialmente costosos pero, al igual que con muchos artículos no esenciales de alta tecnología, no se los podía conseguir en Marte. Así que el doctor Millar tuvo que esperar varios meses antes de que una de las empresas terrestres proveedoras de material científico se los pudiera despachar... nada más que para descubrir, como suele ocurrir con tanta frecuencia, que no había venido un componente esencial. Después de un áspero intercambio de faxes espaciales, el problema quedó resuelto. Por fortuna, el médico no tuvo que esperar a que arribara la próxima nave correo: cuando el proveedor desembuchó de mala gana los detalles del circuito, los expertos locales lograron conseguir que el sistema entrase en operación.
Funcionaba a la perfección. La mismísima noche siguiente, el doctor Millar quedó encantado al descubrir Deimos, quince satélites de comunicaciones, dos naves de trasbordo en tránsito, y el vuelo que llegaba desde la Luna. Por supuesto, sólo había explorado una pequeña parte del cielo (aun en torno de Marte, el espacio se estaba poblando en demasía. Con razón le habían ofrecido un precio bastante bueno por el equipo: le sería virtualmente inútil debajo de las nubes de desechos espaciales que ahora giraban en órbita alrededor de la Tierra.
En el curso del año siguiente, el médico descubrió dos asteroides nuevos, de menos de cien metros de ancho, e intentó bautizarlos Miranda y Lorna, en honor de su esposa y hija. La Unión Astronómica Interplanetaria aceptó el último, pero señaló que Miranda era un famoso satélite de Urano. El doctor Millar, claro está, sabía eso tan bien como la UAI, pero creyó que valía la pena intentarlo en aras de la armonía doméstica. Finalmente accedieron a que fuese Mira: no era factible que alguien confundiera un asteroide de un centenar de metros con una estrella roja gigante.
A pesar de varias falsas alarmas, Millar no encontró algo nuevo durante otro año y ya estaba a punto de rendirse, cuando el programa informó sobre una anomalía: había observado un objeto que parecía estar desplazándose, pero con tanta lentitud que no podía tener certeza, dentro de los límites de error. Sugirió hacer otra observación después de un lapso más prolongado, para resolver la cuestión en un sentido o en otro.
El doctor Millar miró el diminuto punto de luz. Pudo haber sido una estrella tenue, pero los catálogos mostraban que nada había en ese lugar. Para decepción suya, no había vestigios de la aureola borrosa que habría indicado que se trataba de un cometa. "Nada más que otro remaldito asteroide", pensó. "Casi ni vale la pena molestarse en perseguirlo." Sin embargo, Miranda pronto habría de darle una nueva hija: sería lindo tener un regalo para el día de su nacimiento...

Era un asteroide, situado justamente más allá de la órbita de Júpiter. El doctor Millar dispuso la computadora para que calculara la órbita aproximada del cuerpo, y quedó sorprendido al descubrir que Myrna, como había decidido llamarlo, se acercaba bastante a la Tierra. Eso hacía que fuera algo más interesante.
Millar nunca pudo conseguir que le reconocieran el nombre. Antes que la UAI  pudiese aprobarlo, observaciones adicionales le calcularon una órbita mucho más precisa.
Y, entonces, solamente fue posible un nombre: Kali, la Diosa de la Destrucción.


martes, 17 de diciembre de 2019

EL TELESCOPIO ESPACIAL HUBBLE CAPTA EL COMETA INTERESTELAR BORISOV


Nuevas imágenes del primer cometa extrasolar confirmado, el 2I/Borisov. Las imágenes fueron captadas desde el espacio por el Telescopio Hubble. La primera muestra al Borisov pasando cerca de una galaxia a 327 millones de kilómetros de la Tierra. En la segunda aparece poco después del perihelio. El momento de mayor acercamiento será en pocos días, el 28 de diciembre.

lunes, 16 de diciembre de 2019

TESS CAPTA EL PRIMER ESTALLIDO COMPLETO DE UN COMETA



Captan el estallido de un cometa con un detalle sin precedentes

El satélite TESS de la NASA muestra la explosión de principio a fin del Wirtanen mientras se acercaba a la Tierra

Fuente:

Astrónomos de la Universidad de Maryland (EE.UU.) han captado las mejores imágenes hasta la fecha del estallido natural de un cometa. Utilizando datos del satélite TESS de la NASA, dedicado a «cazar» planetas extrasolares, los investigadores obtuvieron la secuencia, de principio a fin, de una emisión explosiva de polvo, hielo y gases del cometa 46P/Wirtanen mientras se acercaba a la Tierra a finales de 2018.
Los astrónomos decidieron utilizar TESS para observar el cometa porque pasa casi un mes rastreando una determinada porción del cielo. «Sin descansos diurnos o nocturnos y sin interferencia atmosférica, ofrece un conjunto de observaciones muy uniforme y de larga duración», afirma Tony Farnham, autor principal del estudio que publica la revista «The Astrophysical Journal Letters». A medida que los cometas orbitan alrededor del Sol, pueden pasar a través del campo de visión de TESS. Pero la visión de Wirtanen, reconoce el científico, resultó «sorprendente».
Según Farnham, las observaciones de TESS del cometa Wirtanen fueron las primeras en capturar todas las fases del estallido natural de un cometa. Otras tres observaciones anteriores estuvieron cerca de registrar el comienzo de un evento de explosión, pero no lo consiguieron. Las observaciones de un estallido del cometa 17P / Holmes en 2017 comenzaron tarde, faltando varias horas de la fase de brillo inicial del evento. Durante el mismo año, las observaciones de otro estallido, este del cometa 29P/Schwassmann-Wachmann 1 (SW1) concluyeron temprano, debido a limitaciones en el tiempo de observación preprogramado. Y, mientras que las observaciones de la misión Deep Impact capturaron un estallido del cometa Tempel 1 con un detalle sin precedentes en 2005, el estallido no fue natural, sino que fue creado por el módulo impactador de la misión. Sin embargo, las observaciones actuales son las primeras en capturar la fase de disipación en su totalidad, asegura Farnham.
Se desvaneció dos semanas
Aunque Wirtanen se acercó más a la Tierra el 16 de diciembre de 2018, el estallido ocurrió antes, comenzando el 26 de septiembre. El brillo inicial del estallido se produjo en dos fases distintas, con un destello de una hora de duración seguido de una segunda etapa más gradual que continuó creciendo en brillo durante otras ocho horas. Esta segunda etapa probablemente fue causada por la propagación gradual del polvo del cometa provocado por el estallido, lo que hace que la nube de polvo refleje más luz solar en general. Después de alcanzar el brillo máximo, el cometa se desvaneció gradualmente durante un período de más de dos semanas. Debido a que TESS toma imágenes detalladas cada 30 minutos, el equipo pudo ver cada fase con exquisito detalle.
«Con 20 días de imágenes muy frecuentes, pudimos evaluar los cambios en el brillo muy fácilmente», dice Farnham. «No podemos predecir cuándo ocurrirán los estallidos de cometas. Pero incluso si de alguna manera tuviéramos la oportunidad de programar estas observaciones, no podríamos haberlo hecho mejor en términos de tiempo. El estallido ocurrió pocos días después de que comenzaran las observaciones», subraya.
Estela de polvo
Farnham y sus colegas también son los primeros en observar la estela de polvo de Wirtanen. A diferencia de la cola, el rocío de gas y polvo fino que sigue al cometa y crece a medida que este se acerca al Sol, la estela es un campo de escombros más grandes que traza la trayectoria orbital de la roca a medida que viaja alrededor del Sol. A diferencia de la cola, que cambia de dirección a medida que es arrastrada por el viento solar, la orientación de la estela se mantiene más o menos constante con el tiempo.
«La estela sigue más de cerca la órbita del cometa, mientras que la cola está más desplazada, ya que la presión de la radiación del Sol la empuja. Lo importante del recorrido es que contiene el material más grande», afirma Michael Kelley, coautor del trabajo de investigación. «El polvo de la cola es muy fino, muy parecido al humo. Pero el polvo de la estela es mucho más grande, más parecido a la arena y los guijarros. Creemos que los cometas pierden la mayor parte de su masa de esta forma. Cuando la Tierra se encuentra con la estela de polvo de un cometa, obtenemos lluvias de meteoritos».
Un millón de kilos
El equipo ha generado una estimación aproximada de cuánto material puede haber sido expulsado en el estallido (alrededor de un millón de kilos, lo que podría haber dejado un cráter de cerca de 20 metros de ancho).
Hay al menos otros cuatro cometas en la misma área del cielo donde TESS realizó estas observaciones y se esperan un total de 50 cometas en los primeros dos años. Según los autores, observar más cometas ayudará a determinar si el brillo de múltiples etapas es raro o común en sus arrebatos y, lo que es más importante, qué es lo que los provoca.

jueves, 28 de noviembre de 2019

EL COMETA HALLEY EN "LA AVENTURA DEL HOMBRE"

Nuestro constante colaborador Juan Manuel Biagi nos pasó el dato de Youtube: este capítula de "La aventura del hombre" en plena fiebre por la vuelta del cometa Halley en 1985. Los que peinamos canas recordamos la musiquita futurista que abría "el" programa  de documentales de la televisión argentina de los '80, antes de internet y cuando la información era valiosísima y difícil de encontrar. Es interesante pese al pésimo doblaje, el que traducía ni siquiera conocía el nombre de la nave de la ESA que estaba por llegar al Halley y parece decir "shuttle" en vez de "Giotto". En fin, a pesar de esas dificultades, nuestra generación devoraba los documentales y atesoraba la información. Hay varios puntos interesantes. En el minuto 7 se muestran instrumentos astronómicos de observación cometaria en el Museo de Greenwich (que ganas de ir!). En el minuto 11 hay una entrevista al "jefe del proyecto Giotto" en el que sostiene (y se escucha en inglés): "si los gases chocan con la parte anterior de la nave ésta explotará"... ¿y esto? Nunca había sabido de esa posibilidad.... hay que buscar. A continuación se muestra un avión norteamericano que recolectaba partículas de polvo cometario en la estratosfera. A partir del minuto 27 visitamos una tienda de telescopios londinense de nada menos que 200 años de antigüedad y luego el merchandising del Halley, sobre todo motorizado por la "Halley Society", un grupo de excéntricos ingleses. En fin, muy disfrutable. Una última pregunta: ¿a qué se refería el legendario Mario Grassi al final del programa con "7 colas adicionales"?

martes, 26 de noviembre de 2019

REVISTA "MUNDO COMETARIO" DE LA SECCIÓN COMETAS DE LA LIADA (Y UNA REFLEXIÓN SOBRE EL PASADO)

La revista "Mundo Cometario" es una publicación de la Sección Cometas de la Liga Iberoamericana de Astronomía. Por supuesto, recomendamos la lectura de los dos números que han sido editados. Pero también queremos reflexionar especialmente sobre el segundo, en el que se publican las curvas de luz de los cometas observados por miembros de la LIADA entre 2013 y 2019.
La lectura de la revista nos deja una sensación ambivalente. Primero, un gran orgullo al reconocer nuestras observaciones. Los años 2013 y 2014 fueron buenos años de observación, el 2015, no tanto. A partir de 2016 el nuevo telescopio del Observatorio de Oro Verde resultó casi completamente inútil para la observación de cometas. Y en 2018 nos fuimos de allí. La Sección Cometas de la Asociación Entrerriana de Astronomía fue una quijotada de un pequeño grupo que desde 2010 se ganó el respeto de la comunidad astronómica-cometaria. Prueba de ello es este propio blog, nacido en enero de 2014 con el ímpetu de la observación. Ahora no tenemos telescopio para la observación de cometas no brillantes en nuestra Sociedad Lunar Argentina, pero no nos resignamos. ¡Volveremos!
Decíamos sensación ambivalente, alegría por los logros pasados reconocidos en una revista de prestigio. Pero también una sensación de tristeza. La Sección Cometas de la AEA sólo fue para la directiva de la asociación un estorbo. Indiferencia por muchos años (cada dos años publicábamos la Memoria de lo hecho y ni siquiera fue subida a la web de la institución, cuando era la única publicación de la AEA), luego un sucederse de obstáculos a la observación que tratábamos de sortear de las maneras más imaginativas (observaciones furtivas incluidas) y luego directamente hostilidad hacia las observaciones y hacia la LIADA a la que reportábamos. Hasta que tuvimos que irnos de una asociación a la que hicimos significativas aportaciones que exceden lo astronómico.
Nos invade la melancolía por ese hermoso proyecto que fue la Sección Cometas de la AEA. Y también las ganas de volver pronto a la observación. Mientras tanto, compartimos nuestro orgullo por aparecer en la revista cometaria de la LIADA, que pueden descargar aquí:
https://rastreadoresdecometas.files.wordpress.com/2019/11/curvas-de-luz-de-cometas-perc3adodo-dic-2013-agosto-2019.pdf

lunes, 18 de noviembre de 2019

Hallan indicios de agua en el cometa Borisov



Un equipo de la NASA encuentra indicios de la presencia de agua en el cometa 2I/Borisov, el primer cometa interestelar conocido. De confirmarse esta teoría, estaríamos ante la primera vez que se detecta agua de otro sistema planetario dentro de nuestro sistema solar.
El cometa Borisov fue descubierto a finales de agosto de 2019 y, desde entonces, ha sido estudiado minuciosamente por los astrónomos, dado que a finales de diciembre se alejará de nuestro sistema solar. Entre otros datos, detectaron que expulsa a la superficie gas en forma de cianógeno, lo cual es común en los cometas y asteroides de nuestro sistema solar.
Sin embargo, el gran hallazgo lo encontró el equipo liderado por Adam McKay en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Maryland. En el Observatorio de Apache Point, situando en Nuevo México, usaron un instrumento que permite estudiar la luz reflejada por el cometa Borisov y encontraron grandes cantidades de oxígeno alrededor del cometa, posiblemente como resultado de que el hielo de agua se volviera o sublimara, de sólido a gas. Esto quiere decir que se calienta por su contacto con el sol.
Porque, como explica McKay, “si una molécula de agua se sublima de la superficie, se libera como vapor de agua. A partir de ahí, la luz ultravioleta del sol descompondrá la molécula en hidrógeno y oxígeno, que es lo que el equipo detectó”.
Un hallazgo que sugiere, a partir de los datos obtenidos, que el cometa está produciendo hasta 19 kilogramos de agua por segundo, lo cual indica que estamos ante una detección clara de átomos de oxígeno y, por tanto, el cometa contiene agua.
Anteriormente, se había detectado agua fuera del sistema solar en las atmósferas de los exoplanetas o en nebulosas formadoras de estrellas, pero nunca se había visto agua de otro sistema planetario tan cerca y, si se confirma, sería la primera vez en encontrar agua de otro sistema planetario.
Un hallazgo importante que abre el estudio a esa posible agua del cometa Borisov, dado que podría aportar datos sobre otros sistemas planetarios. Además, podría ayudar a conocer diferencias y similitudes con el sistema solar y a saber más sobre el origen del agua y la vida en la Tierra.
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