La imagen que presentamos la extrajimos del impresionante “El Cometa” de Carl Sagan y Anne Druyan. En ella se refiere que las imágenes de arriba corresponden a 3 noches de diciembre de 1618 del C/1618 W1 o Gran Cometa de 1618, que fue el primer cometa en ser observado con telescopios (la primera observación de Galileo es de 1609). Las realizó el jesuita suizo Johann Cysat. La de abajo corresponde al Gran Cometa de 1657 y la realizó nada menos que Johannes Hevelius. En ambas imágenes se observan como “fragmentos rocosos” dentro de la coma (que los observadores antiguos confundían con los núcleos).
Los autores del libro citado sostienen que “los detalles
del interior de la coma son probablemente espurios, debidos a las
imperfecciones de las lentes del siglo XVII”. Soy un gran defensor de la
veracidad de los reportes de los astrónomos antiguos, y por eso odio estar de
acuerdo con Sagan (gran creyente en la religión del progresismo científico),
pero parece que en esto tiene razón. No creo que hayan podido con los primeros
telescopios observar fragmentaciones. ¿O sí?
