1618 fue un año con suerte para los cometas: se
observaron 3. Pero el más impresionante fue el que se pudo ver a partir de
noviembre de 1618, y que mereció el título de “Gran Cometa de 1618”. Lo
observaron por primera vez los chinos el 25 de noviembre y pocos días después
era visible en Europa, donde numerosos astrónomos pudieron observarlo: Kepler,
Cysat, Brainbridge, Gassendi, Schickard, Snellius y Orazio Grassi. Éste último
tuvo una agria disputa acerca de este cometa con Galileo Galilei. Grassi
sostenía que los cometas eran astros celestes, Galileo que eran exhalaciones de
la Tierra.
El Gran Cometa de 1618 fue el primer cometa moderno
porque fue el primero en ser observador con telescopios, apenas 9 años después
de la observación pionera de Galileo de 1609. La creencia, sin embargo, de que
eran portadores de desgracia seguía vigente, como lo prueba este párrafo de una
crónica de Turingia (Alemania) del año 1619:
“El 3 de noviembre de 1618 (la fecha es errónea) apareció
en el cielo un terrible cometa, visible durante el mes siguiente e incluso
hasta el año siguiente; pues tras su paso, guerras, rebeliones, derramamiento
de sangre, peste, hambruna e indescriptibles desgracias asolaron el mundo. No
se ve ningún cometa terrible que no traiga consigo una gran desgracia…”
La ilustración de esta entrada, perteneciente a un
panfleto holandés de 1619, muestra a la perfección esta ambivalencia entre las
desgracias anunciadas (ejércitos en lucha, tristeza, y la muerte armada con la
hoz de la gran segadora de vidas) y el estudio del cometa, realizado con un
instrumento para medir el cometa visualmente.

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