El Gran Cometa de 1618 originó una gran controversia
entre los teólogos y los “científicos naturales” sobre la verdadera naturaleza
de los cometas. Los primeros sostenían que eran signos de Dios para advertir
sobre los pecados del mundo y las desgracias que vendrían, los segundos que eran
objetos naturales cuya órbita podía predecirse (sí, antes que Edmund Halley).
Sostenían los teólogos alemanes que predecir su llegada sería limitar la libre
voluntad de Dios, pero del otro lado el matemático Johannes Faulhaber
aseguraba que había predicho la llegada del cometa de 1619 usando matemática… y
numerología cabalística. Como vemos, las diferencias entre ambos tampoco eran
tan grandes, porque buena parte de los matemáticos que sostenían la posibilidad
teórica de predecir la llegada de los cometas creían también en su carácter
profético. La diferencia parece ser en que los matemáticos confiaban en conocer
de antemano los designios divinos y los teólogos negaban esa posibilidad.
La controversia llegó a concretarse en una disputa, similar
a los debates medievales, que enfrentó a ambos bandos en la ciudad de Ulm el 18
de octubre de 1619, disputa que fue presenciada por un joven Descartes, soldado
francés en ese entonces en Alemania. Se encontraba en Alemania porque en 1618
había estallado la Guerra que se extendería por 30 años y de ello recibió
posteriormente su nombre. ¿Predicha por el cometa?

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