martes, 15 de septiembre de 2026

ASTEROIDE “(50271) Albertoanunziato”, UN RECONOCIMIENTO DE LA UNIÓN ASTRONÓMICA INTERNACIONAL A NUESTRA ASOCIACIÓN

 

En su edición de septiembre de 2026 el Bulletin del WGSBN (Working Group Small Bodies Nomenclature) de la Unión Astronómica Internacional (el Grupo de Trabajo que asigna nombres a cometas y asteroides) anunció que se nombraba al asteroide anteriormente denominado 2000CW como 50271 Albertoanunziato”. Obviamente, es un enorme honor ya que son muy pocos los astrónomos amateur a los que se les otorga esta distinción. En realidad, se trata de un reconocimiento a la labor que todos los miembros de la Sociedad Lunar Argentina y de la Sección Lunar de la LIADA venimos realizando desde hace tantos años.  Los trabajos que hemos realizado sobre topografía lunar han sido siempre fruto de la colaboración de todos los amigos de Latinoamérica que observan la Luna todas las noches. Necesariamente tiene que ser a nivel individual, pero reconoce el trabajo de todos nosotros. Y ello surge de la fundamentación de la designación: “Alberto Anunziato (nacido en 1970) es un astrónomo amateur argentino. Fundó la Sociedad Lunar Argentina y es Secretario de la Liga Iberoamericana de Astronomía. Alberto enseña en la Universidad Autónoma de Entre Ríos y es el Coordinador Adjunto de la Sección Lunar de la “Association of Lunar and Planetary Observers”.

Les dejo la web del asteroide 50271 Albertoanunziato con todos sus datos (por si pueden fotografiarlo).

https://ssd.jpl.nasa.gov/tools/sbdb_lookup.html#/?sstr=50271&view=OPDA

jueves, 10 de septiembre de 2026

EL COMETA MARINO EN “MELANCOLIA” DE DURERO

 


Este grabado lo conocen desde hace 14 años, porque forma parte de nuestro logo. Se lo conoce como Melancolia 1, es obra del alemán Albert Durero y fue realizado en 1514. Es una de las obras alegóricas más discutidas y analizadas de la historia, la información la pueden encontrar fácilmente en Internet. Lo que a nosotros nos interesa es que entre los elementos alegóricos hay un cometa brillante cerca de un horizonte marino. Leyendo el famosísimo ensayo de Erwin Panofsky “Saturno y la Melancolía” encontré esta referencia, la más autorizada, o al menos, clásica sobre el tema de los “cometas acuáticos”:

“Finalmente, la marina con barquitos encaja también en el contexto de Saturno y la melancolía. Al dios que había huido por mar al Lacio le reconocían los astrólogos clásicos y árabes como «señor del mar y de los navegantes», por lo que a sus hijos les gustaba vivir cerca del agua y ganarse la vida con tales ocupaciones. Y no es eso todo. Saturno —y, más concretamente, todo cometa que le perteneciera— era también responsable de las inundaciones y mareas altas; y no es aventurado decir que todo cometa que figure en una imagen de la melancolía tiene que ser uno de esos «cometas saturninos» de los que se afirma expresamente que amenazan al mundo con el «dominium melancholiae». No puede ser casual, pues, que sobre el mar de Durero luzca un arco iris, y que el agua haya anegado de tal manera la llana playa, que rodea los árboles entre las dos penínsulas luminosas; pues hasta en los textos cuneiformes babilónicos se daba por hecho indubitable que un cometa con la cabeza hacia la tierra anunciaba crecidas; y era el melancólico en particular el que podía pronosticar esas desdichas”.

martes, 8 de septiembre de 2026

En busca de meteoros de tecnología alienígena POR AVI LOEB

 

Un meteoro similar a la sonda Voyager 1 en la atmósfera de un exoplaneta parecido a la Tierra. (Crédito de la imagen: A. Loeb, 2026)

La sonda Voyager 1 saldrá del borde exterior de la nube de Oort —situado a una distancia 100.000 veces mayor que la que separa la Tierra del Sol— dentro de unos 30.000 años. Aproximadamente 10.000 años después, la Voyager 1 pasará a menos de 1,6 años luz de la enana roja Gliese 445, que actualmente se encuentra a 17,6 años luz de la Tierra. En un futuro más lejano, dentro de miles de millones de años, la Voyager 1 podría chocar contra un exoplaneta similar a la Tierra a lo largo de su trayectoria. En tal caso, aparecería como un meteoro interestelar en el cielo de dicho exoplaneta. Es posible que los expertos en meteoros de ese mundo atribuyeran el suceso al impacto habitual de una roca natural. Pero tal vez entre ellos haya algún astrofísico curioso, intrigado por las propiedades anómalas de este meteoro interestelar, que decida investigar si su origen podría ser tecnológico. Ese astrofísico podría liderar una expedición para recuperar materiales del lugar del impacto, haciendo caso omiso de las burlas de sus colegas académicos y de las barreras impuestas por las revistas científicas. Ese astrofísico podría descubrir que no están solos. Y que nosotros tampoco lo estamos. Ese astrofísico sería un espíritu afín al mío.

Me encantan los espíritus afines. Hace unos días, Stephon Alexander —actualmente distinguido profesor de física en la Universidad Brown— me contó que recuerda vívidamente haber asistido a una conferencia en Islandia hace dos décadas, cuando aún era un científico principiante; allí se sentía solo hasta que un profesor de Harvard con ideas afines le hizo sentirse bienvenido. «¡Eras tú!», me dijo.

Los sensores de los satélites del gobierno de EE. UU. vigilan continuamente la Tierra en busca de señales térmicas procedentes del lanzamiento de misiles balísticos. Ocasionalmente, detectan bolas de fuego (bólidos) causadas por meteoros. Estos datos terminan documentándose en una base de datos gestionada por el Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra (CNEOS) de la NASA/JPL. Un nuevo artículo, que acabo de redactar en colaboración con el brillante profesor Volkan Duran, aborda la importante cuestión de si existen meteoros interestelares en la base de datos del CNEOS que superen la velocidad de escape del sistema solar. El catálogo CNEOS ofrece un registro de alcance casi global de entradas atmosféricas brillantes, pero no informa sobre las incertidumbres en la velocidad. Nuestro nuevo artículo calibra la precisión cinemática de los informes de CNEOS utilizando 19 eventos con trayectorias de referencia independientes obtenidas a partir de datos terrestres. Para ello, empleamos catálogos basados ​​en observaciones ópticas, satelitales, de radar e infrasónicas. En 9 comparaciones de alta calidad, el residuo de velocidad (CNEOS menos referencia) presenta una media de -1,00 (+/-0,86) kilómetros por segundo. Siete de los 354 informes completos de CNEOS son potencialmente de origen interestelar. El evento Polar-IM del 1 de abril de 2026, que descubrí junto con mi investigador posdoctoral Richard Cloete, constituye la anomalía más significativa registrada por CNEOS después de 2018; no obstante, los datos independientes permiten considerar la posibilidad de una órbita marginalmente ligada.

El descubrimiento de 1I/ʻOumuamua, 2I/Borisov y 3I/ATLAS demuestra que cuerpos interestelares macroscópicos atraviesan el sistema solar interior. En el caso de objetos del tamaño de meteoroides, la entrada en la atmósfera proporciona una gran área de recolección efectiva, pero las clasificaciones de trayectoria hiperbólica son sensibles a los errores de medición. El catálogo de bolas de fuego de CNEOS es el único registro público de alcance casi global sobre impactadores atmosféricos de escala métrica; si bien proporciona vectores de velocidad de tres componentes (referidos a la Tierra) para un subconjunto de eventos, no incluye información sobre las incertidumbres de dicha velocidad. Una bola de fuego se clasifica como interestelar cuando su velocidad reconstruida con respecto al Sol supera la velocidad de escape solar local; sin embargo, el margen por encima de ese límite suele ser de unos pocos kilómetros por segundo, una magnitud comparable al error de medición plausible.

Nuestro análisis calibra las incertidumbres de CNEOS y evalúa los eventos nominalmente hiperbólicos bajo una jerarquía de evidencia explícita. En conjunto, este registro público permite jerarquizar eventos prioritarios para su seguimiento e identificar las suposiciones que determinan su clasificación, aunque no permite confirmar un meteoro interestelar basándose únicamente en un caso individual de CNEOS. Para el evento Polar-IM, el siguiente paso decisivo consiste en realizar una reconstrucción tridimensional conjunta —que incorpore las incertidumbres— a partir de las observaciones estéreo independientes.

La base de datos CNEOS sienta un precedente importante en la búsqueda de tecnología de origen extraterrestre. Incluso cuando los datos provienen de sensores clasificados, es posible divulgar información de valor científico —como la velocidad, la ubicación y la energía liberada por el meteoro— sin comprometer la información clasificada sobre los sensores utilizados para su obtención. Como presidente del Consejo Asesor Científico sobre FANI (Fenómenos Anómalos No Identificados), espero motivar al gobierno de los Estados Unidos para que, de manera similar, divulgue información sobre estos fenómenos sin comprometer datos clasificados relativos a los sensores y el contexto asociados. Queda por ver si alguno de los datos sobre meteoros o FANI guarda relación con una sonda similar a la Voyager.

Hoy, el Observatorio Mount Lemmon (parte del Catalina Sky Survey) detectó un pequeño asteroide, denominado CERNQ52, apenas unas horas antes de su impacto. El objeto entró en la atmósfera terrestre sobre el océano Índico, al noroeste de Australia, en la franja horaria de las 16:00 a las 17:00 horas. 6:30 UTC, produciendo una bola de fuego brillante pero totalmente inofensiva. El diámetro del meteoroide era de aproximadamente 0,8 a 1 metro. Esta es la decimotercera vez que se detecta con éxito un asteroide y se predice su entrada en la atmósfera antes del impacto.


martes, 1 de septiembre de 2026

EL COMETA ASOR EN “LA NARDO” DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

 




 

EL COMETA ASOR EN “LA NARDO” DE RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA

“La Nardo” es una novela del genial escritor español Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), publicada en 1930. Narra la corta vida de una belleza madrileña de clase baja, apodada “La Nardo” y su decadencia vital por los hombres con los que se relaciona, aunque (como es común en la narrativa del autor), el objeto de la novela parece ser también la descripción de los barrios de Madrid. “La Nardo” es una chica feliz hasta que conoce a su novio, quién la llevará por los caminos del vicio. Su primera cita está motivada ante la proximidad del fin del mundo, que los empuja a disfrutar sin preocuparse por el mañana. Y el fin del mundo sería un 18 de agosto por el presagiado choque de la Tierra con el cometa Asor, que finalmente no sucede. Así describe el autor el peculiar clima de expectativa de catástrofe cometaria (con rasgos de la fiebre por el Halley en 1910):

“Esta tarde no lee el novelón, sino el periódico, pues vienen nuevas referencias del posible encuentro del cometa Asor con la Tierra. Los astrónomos se habían puesto de acuerdo con los gitanos para predecir que una noche del mes de agosto, la Tierra, como balón de fútbol, iba a recibir un puntapié de un cometa llamado Asor porque había sido descubierto por un astrónomo así llamado y que se paseaba por los malecones de la astronomía  cuando al cometa le dio por asomarse, entreabriendo la cortina azul. Era el 18 de agosto el día señalado para la catástrofe y todo el mundo quitaba las hojas del almanaque con menos indiferencia que nunca, como si fuesen declarando sus últimas voluntades a cada nueva hoja arrancada”.

“Nadie repetía la predicción, pero se filtraba en las almas como esos líquidos que se cuelan con un paño (…) Toda la totalidad pesa sobre ese cometa y está agarrada a él. A la luz de esas estrellas amenazadoras se fabrica, como bajo el golpe del más potente magnesio, el último retrato de la humanidad y se fijan unos retratos de boda que solo ha inspirado el terror al astro. El día de Asor iba llegando. Lo que apenas se creía se va creyendo. La verbena fatal cuelga sus farolillos en la noche. Asor va a incendiar el mundo con los cohetes de su influencia, y al pasar en plena fiesta junto a él lo va a abordar solo con remover con su enorme proporción las aguas de su alrededor, los espacios alterados por las más potentes ruedas de la tempestad. En las noches todo Madrid se asomaba a las ventanas, viendo cómo el cáncer del cielo prosperaba y resultaba inconfundible con las demás estrellas, hasta con ese célebre gallo del cielo que es Júpiter. Asor se hinchaba, estaba más bello que nunca. Se veía su ventanal abierto de par en par. Tocaba los gramófonos inmensos de sus salones y esplendente de cinematógrafos atraía como la luz de una gran lámpara a los mariposones perdidos. Era como la Verbena de una estrella. Se hablaba de Asor de balcón a balcón y se veía cómo reposaba el enorme botijo sobre el alto balaustral de los cielos. Los enamorados estaban prontos a encargarse la alianza urgente en la que estuviese grabada la fecha en que temían el naufragio final. El cometa Asor daba un insomnio inolvidable a los más apasionados, en los que el miedo insuperable se mezclaba a la pasión. Velatorio medio de viaje por mar, medio de viaje por tierra, medio de viaje aéreo, iba a ser el velatorio de la noche en que el cometa enconado y temible pasaría junto a la puerta de todos y haría vibrar los vasos de las alacenas. (…) El nuevo temor sideral hacía que esperasen muchas almas ese suicidio colectivo que supondría esa carambola de tres mundos, pues la bola roja que es Asor tocaría la bola pintada que es la Tierra, y ésta, a su vez, entrechocaría con la bola blanca que es la Luna, la pobre Luna, que juega un papel inevitable en lo que le sucede al terráqueo. La Tierra conservaba su impasibilidad; pero cuando se apagaban las luces de las casas, las gentes se asomaban para dirigir la oración indecible a Asor, quizás olímpico y despectivo, quizás avieso y solapado”