domingo, 4 de enero de 2026

3I/ATLAS: ¿COMETA O SONDA ESPACIAL? UN DEBATE QUE ES MÁS INTERESANTE DE LO QUE PARECE

 


¿Ustedes qué opinan? Comparto mi opinión sobre lo que me parece el debate astronómico más interesante de los últimos años. Me ha parecido interesante compartir los artículos que el astrónomo de Harvard Avi Loeb sube diariamente a su blog sosteniendo su postura de que es probable que este objeto interestelar no sea un cometa sino un artefacto tecnológico. Me parece correcto traducir estos textos (con ayuda de Google Translate) por dos razones: nuestro blog es más cultural que científico (está lleno de historias locas sobre cometas) y quiero que la postura de Avi Loeb se conozca por sus propios textos y no por la interpretación antojadiza y arbitraria de ambos bandos, creyentes y detractores.

Las ideas del astrónomo de Harvard sobre 1I/’Oumuamua me parecieron súper interesantes. Este objeto alargado que aceleró su trayectoria sin expulsar gas y polvo fue un misterio fugaz de pocos días, por lo que las conjeturas de Loeb no eran descabelladas, y además su libro “Interstellar” planteaba una línea de futuras investigaciones plenamente válida: ¿Cómo saber si un objeto es tecnológico o natural? Que ‘Omuamua fuera una sonda era una simple hipótesis, nada más, sobre una anomalía que ya no podía ser estudiada. El establishment astronómico enloqueció injustificadamente, presentaron dos hipótesis arbitrarias para acabar con el misterio (como si la ciencia fuera incompatible con el misterio). Primero la nube de hidrógeno, que fue fácilmente refutada por Loeb, luego el cometa oscuro, que no explicaba, por ejemplo, la forma alargada y el gran brillo intrínseco en un objeto que no emitía (al menos visiblemente) gas ni polvo.

La trayectoria posterior de Avi Loeb, con su proyecto de recuperar supuestos artefactos del mar, me pareció más errática… y llegamos al Atlas. No entiendo por qué Loeb desde el mismo descubrimiento sostuvo que era probable que fuera una sonda, cuando era evidente la similitud con un cometa. Sus argumentos se sostienen en una serie de anomalías que, sumadas, harían probable esa explicación. Pero sumar anomalías no prueba nada sobre su verdadera naturaleza. Además, muchas de estas anomalías son muy arbitrarias, como que su órbita pasa lejos de la Tierra (pero supuestamente viene a reconocer nuestro planeta), o que proviene de “cerca” del lugar de origen de una señal de radio que no se ha demostrado de origen artificial. Tampoco se entiende porque se enviaría una sonda que supuestamente sería sigilosa, evitando la Tierra, con un tamaño de varios kilómetros de diámetro y brillando intensamente… Claro que hay anomalías interesantes: que sea tan activo, pese a pasar muy lejos del Sol, o la curiosa anticola que (a diferencia de las demás, no es una ilusión óptica). Pero estas anomalías demostrarían que es un cometa peculiar (lógicamente, tiene origen extrasolar), nada más.

Con esto no me sumo a los detractores de Loeb. Es patético ver como la ciencia supuestamente avanza contraponiendo hipótesis, pero en realidad cuando la hipótesis no le gusta al “consenso científico” se la descalifica como información falsa y anticiencia. El establishment astronómico se volvió una jauría y ningún astrónomo, y menos ningún divulgador, quiso “quedar pegado” y ser calificado de creyente y de seguidor descerebrado de un gurú. Y digo que es bastante patético, porque el “consenso científico” nos ha vendido últimamente varias ideas falsas y peligrosas. Y además, nada más anticientífico que saldar una discusión apelando al “consenso científico”, la ciencia debería demostrar la falsedad o verdad de hipótesis, no es democrática.

En fin, Loeb sostiene una hipótesis arriesgada que parece, bastante evidentemente, ser errónea. Pese a lo que se escucha entre astrónomos y divulgadores, no le hace daño a nadie, todo lo contrario, debates como el de si Atlas es una sonda o un cometa son necesarios, interesantes y provechosos.

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