En
el post anterior vimos como la película nos mostraba una actividad científica
de manera completamente incorrecta. No hay nada de malo con adaptar un hecho,
histórico, artístico, científico, en beneficio de la narración (cinematográfica
en este caso). Lo incorrecto es mostrar la narración “cinematográfica” como un “documental”
que es la opinión de la mayoría de los científicos (y la totalidad de los divulgadores)
para mostrarnos cómo la película enseña que “hay que seguir la ciencia”
(aplicado a otras controversias). Es lo que hace la consultora científica de la
película, Amy Mainzer. Los que no conocen de astronomía serán engañados por
doña Amy y los que conocen, como la película es “políticamente correcta”
(cambio climático), se callan y la alaban también. Y ahí está el problema de la
película: pretende que “sigamos a la ciencia”, cuando la ciencia no debe ser
obedecida sino que debe demostrar. Peligrosamente, cuando los críticos de
cualquier paradigma dominante expresan sus críticas se los manda callar, sin
probar nada, basta remitirse al “consenso de los científicos”. Eso es un criterio
religioso, no científico, en 1609 el consenso absoluto de los científicos era
contrario al sistema heliocéntrico, si Galileo hubiera “seguido la ciencia”, ¿dónde
estaríamos?
Y
ese cientificismo barato y peligroso, derivado de obedecer lo que dicen los
expertos sin preguntar si está basado, es la ideología de la película: en vez
de preguntarse cómo se calcula la órbita de un cometa, se preguntan “qué hubiera
hecho Carl Sagan”, como un santo con iconografía propia (cool y nerd, un muñequito),
los protagonistas tienen que gritar como histéricos lo idiotas que son todos, ¿ni
siquiera hay científicos que coincidan con ellos? Y en vez de argumentar, gritan
su “legítima histeria” porque todos vamos a morir. ¿Ustedes le creerían a un
histérico?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario