Stereo es una misión de estudio del Sol de la NASA,
son dos satélites gemelos que orbitan a nuestra estrella. El 18 de septiembre
captó al cometa del momento, C/2023 P1 Nishimura en pleno perihelio, la imagen
es de una belleza sublime.
Stereo es una misión de estudio del Sol de la NASA,
son dos satélites gemelos que orbitan a nuestra estrella. El 18 de septiembre
captó al cometa del momento, C/2023 P1 Nishimura en pleno perihelio, la imagen
es de una belleza sublime.
Por: AAS Nova 8 de agosto de 2023
¿De dónde viene toda el agua que rodea a los cometas
hiperactivos? Un artículo reciente preguntaba si podría ser "Hielo, hielo,
¿quizás?". y concluyó que probablemente no lo sea.
Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA,
Instituto de Tecnología de California; CC POR 4.0
¿De dónde viene toda el agua que rodea a los cometas
hiperactivos? Un artículo reciente preguntaba si podría ser "Hielo, hielo,
¿quizás?". y concluyó que probablemente no lo sea.
Misterio helado
Los cometas pasan la mayor parte de su tiempo lejos
del Sol, donde hace demasiado frío (demasiado frío) para que los hielos
atrapados dentro de sus núcleos se sublimen hasta convertirse en gas. Sin
embargo, cuando sus viajes los llevan hacia el interior, estos materiales congelados
se transforman en una nube de gas que escapa y envuelve el núcleo. En este
punto, el cometa se considera "activo" y, aunque esto les sucede a
todos los cometas, la gravedad de esta desgasificación varía ampliamente.
Algunos cometas sólo chisporrotean y no gran parte de su superficie se sublima.
Otros son misteriosamente "hiperactivos", lo que significa que
(llegan al extremo) y producen tanta agua gaseosa que no puede provenir toda
solo de las capas superficiales del núcleo.
Una hipótesis afirma que este exceso de agua proviene
de los granos de hielo cercanos a la superficie del núcleo. Aunque los datos
recopilados in situ por exploradores robóticos confirman que estos granos
existen dentro de al menos algunos cometas, no se han observado en ningún objeto
que desgasifique agresivamente y no se han relacionado de manera concluyente
con un exceso de agua.
Para abordar esta incertidumbre, Theodore Kareta
(Observatorio Lowell) y un equipo de investigadores (se detuvieron, colaboraron
y) observaron un extraño cometa llamado 46P/Wirtanen a finales de 2018. Al
igual que uno de los primeros artistas de hip-hop, 46P era
"hiperactivo" en década de 1990 y desde entonces se ha ido calmando
progresivamente. Durante su aproximación al Sol entre 1996 y 1997, arrojó suficiente
agua como para que el 100% de su superficie se desgasificara activamente. Sin
embargo, cuando 46P apareció (regresó para una nueva aparición) en 2018, solo
el 58% de su superficie contribuía a la producción de gas. Kareta y el equipo
esperaban encontrar granos de hielo cerca del núcleo que pudieran explicar la
exuberancia anterior.
Kareta et al. / Revista de Ciencias Planetarias 2023
Sin hielo
Sin embargo, al revisar su espectro de reflectancia en
el infrarrojo cercano, el equipo no vio las reveladoras caídas de absorción
causadas por el agua. En cambio, el espectro parecía casi anodino, con una
pendiente roja y nada que indicara la presencia de hielo.
Luego, el equipo fue más allá de un modelo de mejor
ajuste y utilizó un algoritmo Monte Carlo de cadena de Markov para imponer las
restricciones más estrictas posibles a la cantidad de hielo presente.
Descubrieron que, como máximo, el hielo de agua podría constituir <0,6% de
la superficie de 46P, lo que no es suficiente para explicar su hiperactividad
previa.
Kareta et al. / Revista de Ciencias Planetarias 2023
Ahora la comunidad científica planetaria se enfrenta a
un problema: ¿de dónde viene toda esta agua? En principio, JWST podría decir
“(yo lo resolveré)” y dirigir su singular conjunto de instrumentos hacia unos
pocos cometas en desgasificación. Afortunadamente, con mucho combustible
restante y muchos objetivos para elegir, es posible que obtengamos una
respuesta en los próximos años.
Fuente:
https://skyandtelescope.org/astronomy-news/comet-46p-wirtanen-all-dust-no-ice/
Gracias a esa maravilla que es el blog de la Sección Cometas de la LIADA nos deleitamos con imágenes como las que presentamos, obtenidas en España el 9 de Septiembre, que muestran al cometa del momento visible a simple vista en cielos oscuros. ´
Así lo veía José Chambó:
Fuente: https://rastreadoresdecometas.wordpress.com/2023/09/12/c-2023-p1-nishimura-9-de-septiembre-de-2023-por-jose-chambo/Descripción: El cometa C/2023 P1 (Nishimura) fotografiado durante el amanecer del 9 de septiembre de 2023, a una altitud de 1027 metros desde los Altos de Salomón, Valencia. La luna menguante iluminó el fondo celeste en esta zona rica en estrellas de la constelación de Leo, mientras el cometa ascendía en el cielo mostrando una cola extremadamente larga de más de 7 grados de longitud que se extendía más allá del marco del teleobjetivo. Aunque es imperceptible a simple vista y solo se puede observar la parte más brillante con binoculares, la fotografía logra capturar la cola iónica estrecha y curva, mostrando detalles en forma de filamentos que fluyen hacia el lado izquierdo de la corriente principal. Unos minutos más tarde, una densa niebla cubrió toda la cumbre, y tuve que despedirme del cometa Nishimura hasta dentro de 435 años. J. J. Chambó
Así lo veía Dídac Mesa Romeu:
Reporte de Dídac Mesa Romeu: Adjunto unas imágenes de esta pasada noche, realizadas con un 135 mm.
Están hechas desde una zona alta del pre-pirineo, a le port del compte a unos 2115 m.s.n.m.
Había una atmosfera muy transparente y pude verlo tímidamente a simple vista.
En prismáticos la cola era visible sobre un par de grados.
Nos estamos perdiendo el cometa Nishimura desde nuestro hemisferio austral, pero al menos tenemos observadores como Didac Mesa Romeu, gracias al cual podemos ver cómo ha desarrollado en poco tiempo una muy compleja cola iónica (la de polvo, curva, todavía parece no haberse desarrollado). Crédito de las imágenes:
https://rastreadoresdecometas.wordpress.com/
El 12 de agosto de 2023 el astrónomo amateur japonés
Hideo Nishimura informó sobre el descubrimiento de un cometa con una coma de 5
arcominutos de tamaño angular, en tres exposiciones de 30 segundos obtenidas
mediante una cámara Canon EOS 6D a través de un objetivo de 200 mm a f/3 desde
Hirao, Yamaguchi (Japón). El mismo autor encontró también el objeto en siete
imágenes obtenidas el día anterior con un brillo medio de magnitud 10,6.
Según la órbita provisional calculada el C/2023 P1
(Nishimura) es un cometa nuevo procedente de la zona exterior de la Nube de
Oort y que se aproxima por primera vez al interior del Sistema Solar. Alcanzará
su perihelio el 18 de septiembre de 2023 a una distancia de 0,22 UA del Sol.
Unos días antes será su máxima aproximación a la Tierra, el 13 de septiembre de
2023 a una distancia de 0,85 U.A. de nuestro planeta.
Las pocas observaciones disponibles hasta la fecha
sólo pueden aproximar la magnitud absoluta del cometa que estaría cerca de la
m0=8.2 que se correspondería con un núcleo de algo más de 1 km de diámetro con
una probabilidad media de desintegración. Aplicando el coeficiente de actividad
provisional indicado por el MPC de n=3.2 de la curva de luz preliminar que he
calculado resultaría un máximo brillo de magnitud 2.8 a mediados de septiembre
de 2023 durante el perihelio.
La geometría orbital del cometa explica porqué no ha
sido descubierto hasta alcanzar un brillo tan elevado, y es que el C/2023 P1
(Nishimura) se ha mantenido con una elongación entre 12° y 35° desde principios
de mayo de 2023, angularmente cerca del Sol. El cometa se mantendrá observable
antes del amanecer a muy baja altura sobre el horizonte este desde latitudes
boreales y ecuatoriales hasta la primera semana de septiembre, cuando quizá se
encuentre cerca de la magnitud 6 y se pueda ver con binoculares. Después, a
partir de mediados de septiembre cuando alcance su máximo no será observable
por baja elongación, y no lo volverá a ser.
Desde latitudes australes apenas se podrá observar extremadamente bajo sobre el horizonte noreste hasta el 20 o 23 de agosto. Después no volverá a ser observable hasta mediados de noviembre de 2023 antes del amanecer, aunque entonces el brillo del cometa ya será más débil que la magnitud 10.
FUENTE:
https://rastreadoresdecometas.wordpress.com/2023/08/19/nota-dedicada-al-descubridor-del-cometa-c-2023-p1-nishimura/
FUENTE:
Un argentino descubrió un
cráter inmenso en las Islas Malvinas y cree que allí ocurrió un suceso
histórico
Maximiliano Rocca, un geólogo aficionado, investigó a fondo una cuenca que
yace bajo el mar al lado de Malvinas y data de 250 millones de años atrás.
Piensa que un cometa se pudo haber estrellado y generado un impacto colosal
Maximiliano Rocca tomó conocimiento en 2002 de que al lado de las Islas
Malvinas había una anomalía circular de enormes proporciones bajo el agua. Un
día de ese año se topó con un paper publicado por el geólogo Michael Rampino,
investigador de la Universidad de Nueva York, que a principios de los ‘90
deslizaba la posibilidad de que esa anomalía se trataba, en realidad, de un
cráter de impacto.
Rocca es analista de sistemas y dedica parte de su tiempo libre a su
afición por la geología, una carrera inició pero no llegó a terminar. Cuando
leyó el artículo quedó muy impresionado. Más lo sorprendió cuando buceó en
Internet y no encontró nada del asunto. El de Rampino era un trabajo muy
interesante, pero breve, no estudiaba en profundidad esa cuenca gigante. “Nadie
parecía haberse hecho eco de ese trabajo. Decidí que yo sería la persona que
investigaría a fondo ese lugar”, dijo Rocca en diálogo con Infobae.
Lo primero que encontró fue un mapa de anomalías gravimétricas de Malvinas
del Servicio Geológico Minero de Argentina (SEGEMAR) que databa de 1997.
Mostraba una tremenda estructura circular al noroeste de Gran Malvinas,
exactamente al lado de las islas.
Como segundo paso, se puso en contacto con geólogos británicos expertos en
Malvinas. En principio, encontró tensión, poca voluntad para colaborar. Hasta
el momento, los ingleses casi ni le habían prestado atención a la geología
submarina que rodea las islas. En uno de los pocos trabajos, los autores
reconocían que había algo misterioso, sin explicación, al noroeste. Allí es
donde ubicaron la cuenca y ahí es donde agregaron un signo de interrogación.
El mapa incluido en un
paper inglés de 1995. Ubica un signo de interrogación en la zona anómala
cercana a Malvinas
Al cabo de unos meses, accedieron a compartir datos de la zona. Para 2004,
Rocca tenía los llamados mapas de anomalías gravimétricas que mostraban un cráter gigantesco de 250 kilómetros de
diámetro. Tenía un primer indicio que confirmaba su presunción, pero
necesitaba más información, requería otros tipos de mapas, los magnéticos, que
no pudo conseguir hasta pasados diez años.
En 2015 conoció al geólogo paraguayo Jaime Báez Presser, experto en
cráteres de impacto, y le preguntó si podía facilitarle mapas de anomalías
magnéticas de Malvinas. En solo unos días le dio acceso a una base de datos
global de mapas magnéticos, que él ni sabía que existía. Otra vez, en esos
mapas había una anomalía ahora positiva de valores magnéticos, congruente con
su teoría.
-Recuerdo que cuando vi esos mapas de Jaime pensé: “No lo puedo creer... esto encaja a la
perfección con un cráter de impacto colosal” -comentó-. La
estructura al noroeste de Malvinas es casi una copia del cráter de Chicxulub en
Yucatán, México, de 200 kilómetros de diámetro y también tapado por sedimentos
más jóvenes. Es el impacto que mató a los dinosaurios hace 66 millones de años.
Con esa información en mano, escribió su primer artículo científico del
tema, junto a Báez Presser como coautor. Lo publicaron en Historia Natural de
la Universidad Maimónides en 2015. Después de ese primer paper, contactó a
Rampino, el descubridor original de la cuenca, y lo puso al tanto de los
avances en la investigación. Trabajaron juntos y en 2017 publicaron un nuevo
informe en la revista Terra Nova de Oxford.
“Fue muy importante porque publicamos en una de las mejores revistas de
geología del mundo y nada menos que en Inglaterra”, recordó Rocca. La
publicación trajo repercusión en la comunidad científica, incluso en la prensa.
El Penguin News, el único diario que se edita en las Islas Malvinas, se hizo
eco del hallazgo.
El mapa de anomalías
gravimétricas compartido por Dietmar Müller. Muestra un
Pasaron algunos años y, desde entonces, hubo algunos avances en la
investigación. Rocca conoció a otro geólogo, Dietmar Müller, de la Universidad
de Sidney, quien le compartió el mejor mapa de anomalías gravimétricas de la
zona. “Este mapa es para la geología como las radiografías para los médicos”,
dijo el investigador argentino.
-¿Qué es lo que se ve ahí?
-Nos enseña qué hay oculto bajo el agua y bajo tierra al lado de las islas
-respondió-. Es una enorme estructura circular de 250 km de ancho con forma de
plato sopero. Lo que en geología se llama una cuenca y tiene todas las
características de un cráter de impacto de asteroide o cometa.
-¿Por qué los geólogos británicos no la habían
reconocido en su momento?
-Ellos se habían dado cuenta de que había una “cuenca” rara en ese lugar,
pero lo que no advirtieron es que podría ser lo que técnicamente en geología se
llama una “cuenca de impacto”. Es decir, una cuenca formada por el impacto de
un objeto cósmico. Esto parece solo un juego de palabras, pero es la realidad.
-Digamos que no se trata de una cuenca más…
-Para nada. Esa cuenca submarina y tapada por sedimentos más jóvenes no es
una cuenca común y silvestre, sino algo único en la zona y en el mundo… un gran
cráter de impacto.
La hipótesis
El cráter solo es visible en mapas geofísicos. No hay rocas a las que se
pueda asociar, lo cual es lógico por la antigüedad que tendría la cuenca. El
impacto habría ocurrido alrededor de 250 millones de años atrás.
Según explicó Rocca, la cuenca tiene dos características que encajan a la perfección con un cráter de impacto
de asteroide o cometa:
1) Muestra un anillo de valores gravimétricos positivos de 250 kilómetros
de diámetro, rodeando un centro de valores negativos. Este patrón es típico de
los cráteres de impacto de tamaño colosal e incluso se repite en los cráteres
de la Luna y Marte.
2) Muestra una tremenda anomalía positiva del campo magnético, lo que el
investigador bautizó como la “Rosa de las Malvinas”, por el color que se suele
usar en los mapas para graficar valores magnéticos máximos.
“Cuando juntamos las dos cosas en el mismo lugar y asociadas a una cuenca
con forma de cráter, la conclusión lógica a la que llegamos es a la de un
cráter de impacto. Es la explicación más simple”, agregó.
La anomalía magnética
que Rocca bautizó como "Rosa de las Malvinas" coincide con el lugar
del cráter situado bajo el agua
Hace unos años, Rocca barajaba como principal hipótesis el impacto de un
asteroide. Hoy se decanta más bien por un cometa. Los asteroides están formados
por rocas, mayoritariamente de silicatos y hierro. No contienen ni hielos ni
gases. En cambio, los núcleos de los cometas son ricos en gas helio-3, están
formados por hielos y dióxido de carbono.
Una investigación reciente de científicos japoneses reporta el hallazgo del
gas extraterrestre helio-3 hace 252 millones de años, sobre el final del
período geológico llamado Pérmico, en Japón. “Esto nos dice que algo puso todo
ese gas extraterrestre en ese momento de la historia. Y lo más fácil para explicarlo es que un cometa golpeó la Tierra”, advirtió
Rocca, que aclaró que por ahora la hipótesis es especulativa, que se necesita
más trabajo para probarla.
Su hipótesis establece que un núcleo de cometa de más de 10 kilómetros de
ancho podría haber impactado hace 252 millones de años en Malvinas, lo cual
coincidiría con la peor extinción en masa de la historia, con la desaparición
del 90% de las especies marinas y el 70% de las especies terrestres del
planeta, con el evento llamado “gran mortandad”.
Para dar cuenta de la magnitud que pudo haber tenido el suceso, trazó una
comparación. Las energías, en estos casos, se miden en una unidad llamada
megatón de TNT. Cada megatón equivale a un millón de toneladas del explosivo
trinitrotolueno (TNT).
Un misil balístico atómico, lo que sería un arma nuclear, tiene una
potencia de 10 megatones de TNT. Ese valor sería suficiente como para arrasar
una ciudad del tamaño de Buenos Aires. Ahora, cuando se trata del impacto de un
cometa, de un objeto cósmico moviéndose a 30 kilómetros por segundo, como el
que formó el cráter de Chicxulub en Yucatán, da un total de 100 millones de
megatones de TNT.
-Si, cien millones de megatones de TNT -repitió Rocca-.
Eso equivale a un terremoto de magnitud 12, muchísimo más potente que cualquier
terremoto que haya ocurrido en la historia. Bueno… el posible impacto en
Malvinas habría liberado una energía similar.
Investigación frenada
Ni bien se publicó el artículo en la revista de Oxford, la cuenca que yace
al lado de las Islas Malvinas cobró mayor notoriedad. Si bien Maximiliano Rocca
logró algunos avances pequeños desde entonces, nunca encontró el apoyo
suficiente de los geólogos ingleses que, según cuenta, optan por el silencio
porque la única explicación que cabe, con los datos disponibles, es la de un
cráter de impacto.
El gran obstáculo con el que se topó es que, para hacer un estudio
minucioso del sitio, se necesitaría hacer una perforación donde está ubicado el
cráter y, de ese modo, obtener muestras de rocas. Sucede que el procedimiento
costaría millones de dólares.
“Para estudiarlo bien y a fondo habría que ir con un barco petrolero de
perforación. Habría que parar justo encima del cráter y perforar unos cuantos cientos de metros para sacar muestras de roca del
sitio mismo del cráter. Los ingleses no quieren ni hablar de hacerlo. Por eso
el tema está paralizado”, advirtió Rocca.
Mientras tanto, un hallazgo que podría echar luz sobre el final de la Era
Paleozoica, de hace más de 250 millones de años, se mantiene en la oscuridad,
escondido bajo el mar.
Descubrimiento del cometa Schuster
Entre los cometas que han sido descubiertos
por el European Southern Observatory (ESO) ubicado en Chile, dos tienen
periodos cortos y regresan regularmente a las regiones internas del Sistema
Solar, esto hizo pensar que todos los cometas estaban originalmente lejos del
Sol y que se formaron en los bordes exteriores del Sistema Solar hace 4600 millones
de años; ahora la mayoría de ellos se mueven en órbitas extremadamente
alargadas que llegan casi a la mitad del camino a las estrellas más cercanas.
Dado que el movimiento es más lento en la parte más lejana de la órbita, un
cometa pasa prácticamente todo el tiempo en estas distancias muy grandes, en la
llamada nube de cometas de Oort, que lleva el nombre del astrónomo holandés Jan
Oort, quien fue el primero en presentar esta teoría. Esta nube cometaria rodea
el Sistema Solar a una distancia de unos 10000 billones de Km.
Los cometas de período corto han cambiado
drásticamente sus órbitas originales por uno o más pasajes cerca de uno de los
planetas grandes. Es muy probable que este haya sido el caso del cometa
descubierto por el Observatorio La Silla de la ESO el 5-09-1977. Se descubrió
que se movía en una órbita elíptica con un período de solo 7,5 años y recibió
el nombre de cometa Schuster en honor al astrónomo del ESO que lo descubrió.
Era un objeto relativamente débil de magnitud 16 cuando se tomó esta
fotografía, donde la coma y una cola corta y rechoncha son claramente visibles.
El cometa Schuster regresó nuevamente en 1985-1986.
Casi todos los cometas que se han observado
en la historia tienen órbitas que alcanzan el interior de la órbita de Júpiter.
Por tanto, es de especial interés cuando se descubre un cometa que permanece
siempre fuera de esta distancia. Dos de estos cometas han sido descubiertos por
el ESO. El cometa con el perihelio más distante que encontró el ESO es el
cometa Schuster y fue descubierto aproximadamente un año después de que pasara
por el perihelio.
Su distancia mínima al Sol, en el perihelio,
es de unos 1030 millones de Km, casi a medio camino entre las órbitas de
Júpiter y Saturno. Aún así, este cometa fue visto con una cola de 4 millones de
Km, lo que indica que se produjo una evaporación del núcleo, incluso a esa gran
distancia. Como la temperatura disminuye con la distancia al Sol, esta
observación demostró la existencia de hielos con un punto de fusión muy bajo en
el núcleo de este cometa.
Parece ser que los estallidos (o outburst) lejos del
perihelio son una característica no anómala para el cometa de moda, el 12P/Pons
Brooks. Las imágenes que vemos documentan un estallido similar el 21 y 22 de
enero de 1884. Los dibujos, realizados por el observador norteamericano Henry
Cooper Wilson muestran con increíble detalle la velocidad con que empiezan los
jets. Solamente 36 minutos separan el primer y el segundo dibujo y, sin
embargo, los jets en la segunda imagen han perdido potencia y en la tercera, un
día después, el estallido comienza a cesar. Este tipo de imágenes, hace unos
años, eran rotuladas de fantasías de los observadores, se pensaba que este tipo
de detalle no se podían observar visualmente y, sobre todo, se desconocía la
mecánica de las eyecciones por jets y los estallidos, y como se desconocía… se
negaba. La eterna historia de la ciencia. Hoy las imágenes confirman lo que
veían los observadores del siglo XIX y, aunque la observación visual continúe
siendo despreciada, todavía es valiosa y, más allá de la mayor contaminación
lumínica, puede traernos detalles que muchas cámaras no alcanzan a ver.
El 20 de julio pasado, un astrónomo amateur húngaro
Elek Tamas estaba observando este cometa, que estaba en magnitud 17 y se
encontró con que estaba en 11.8. una vez más, un aficionado proporciona un dato
fundamental para la astronomía cometaria, en vez de quedarse con la fotito. El
estallido duró algunos días y luego el cometa volvió a su magnitud normal,
estando como está a 3.8 unidades astronómicas del Sol, en su viaje orbital de
70 años. Como su número indica, es periódico y probablemente ya “muy gastado”,
un tipo de cometas en el que uno no esperaría que fueran tan inestables como
para tener estallidos tan lejos del Sol. Pero todos los cometas son distintos.
Es muy
interesante el diseño asimétrico del interior de la coma, con partes más
brillantes relaciónadas con las zonas del núcleo desde donde surge el material
eyectado.
En esta espectacular imagen del Virtual Telescope
Project en Italia vemos como aparecía el 26 de julio.
Esta es la segunda parte de la entrada en inglés en Wikipedia
sobre los improbables cometas de antimateria y una lista divertida de fenómenos
con los cuales se los relacionó como causa:
Explicaciones hipotéticas de fenómenos observados
Tectitas
En 1947, Mohammad Abdur Rahman Khan, profesor de la
Universidad de Osmania e investigador asociado del Instituto de Meteorología de
la Universidad de Nuevo México, presentó la hipótesis de que los cometas de
antimateria o meteoroides eran los responsables de las tectitas. Sin embargo,
esta explicación, de las muchas explicaciones propuestas para las tectitas, se
considera una de las más improbables.
Evento de Tunguska de 1908
En la década de 1950, especular sobre cometas y meteoritos
de antimateria era un ejercicio común para los astrofísicos. Uno de ellos,
Philip J. Wyatt de la Universidad Estatal de Florida, sugirió que el evento de
Tunguska pudo haber sido un meteorito hecho de antimateria Willard Libby y Clyde Cowan llevaron la idea
de Wyatt más allá, habiendo estudiado los niveles mundiales de carbono-14 en
los anillos de los árboles y notando niveles inusualmente altos para el año
1909. Sin embargo, incluso en 1958, las fallas teóricas en la hipótesis fueron
observados, aparte de la evidencia que estaba llegando al mismo tiempo de los
primeros satélites de medición de rayos gamma. Por un lado, la hipótesis no
explicaba cómo un meteorito de antimateria podría haber logrado sobrevivir tan
bajo en la atmósfera de la Tierra, sin ser aniquilado tan pronto como encontró
materia terrestre en los niveles superiores.
Rayos en bola
En 1971, David E. T. F. Ashby del Laboratorio Culham y
Colin Whitehead del Establecimiento de Investigación de Energía Atómica del
Reino Unido plantearon la hipótesis de fragmentos de cometas de antimateria o
meteoritos como una posible causa de los rayos en bola. Supervisaron el cielo
con un aparato de detección de rayos gamma e informaron números inusualmente
altos a 511 keV (kiloelectronvoltios), que es la frecuencia característica de
los rayos gamma de una colisión entre un electrón y un positrón. Había
explicaciones naturales para tales lecturas. En particular, los positrones
pueden ser producidos indirectamente por la acción de una tormenta eléctrica,
ya que crea los isótopos inestables nitrógeno-13 y oxígeno-15. Sin embargo,
Ashby y Whitehead notaron que no había tormentas eléctricas presentes en los
momentos en que se observaron las lecturas de rayos gamma. En su lugar,
presentaron la hipótesis de los meteoros de antimateria como una interesante
que explicaba todo lo que sus observaciones habían registrado, y sugirieron que
merecía una mayor investigación.
Estallidos de rayos gamma
Los cometas de antimateria que se creía que existían
en la nube de Oort se plantearon en la década de 1990 como una posible
explicación de los estallidos de rayos gamma. Estos estallidos pueden
explicarse por la aniquilación de microcometas de materia y antimateria. La
explosión crearía poderosos estallidos de rayos gamma y aceleraría la materia a
velocidades cercanas a la de la luz. Se cree que estos microcometas de
antimateria residen a distancias de más de 1000 UA. Los cálculos han demostrado
que los cometas de alrededor de 1 km de radio se reducirían en 1 m si pasaran
por el Sol con un perihelio de 1 UA. Los microcometas, debido al estrés del
calentamiento solar, se rompen y queman mucho más rápido porque las fuerzas
están más concentradas dentro de sus pequeñas masas. Los microcometas de
antimateria se quemarían aún más rápidamente porque la aniquilación del viento
solar con la superficie del microcometa produciría calor adicional. A medida
que se detectaron más estallidos de rayos gamma en los años siguientes, esta
teoría no pudo explicar la distribución observada de los estallidos de rayos
gamma sobre las galaxias anfitrionas y las detecciones de líneas de rayos X
asociadas con los estallidos de rayos gamma. El descubrimiento de una supernova
asociada con un estallido de rayos gamma en 2002 proporcionó evidencia
convincente de que las estrellas masivas son el origen de los estallidos de
rayos gamma. Desde 2002, se han observado más supernovas asociadas con
estallidos de rayos gamma, y se ha establecido firmemente que las estrellas
masivas son el origen de los estallidos de rayos gamma.
¿Todos los cometas son iguales? ¿No habrá alguno
disfrazado de cometa normal mientras que en realidad es completamente distinto?
El reciente descubrimiento de cometas extrasolares revive una vieja pregunta
que se realizó hace muchos años y que se revitalizó en los 70 con la llegada
del Cometa Kohoutek: ¿Hay cometas de antimateria? Esta pregunta nos llegó por
nuestro colaborador e inspirador Juan Manuel Biagi, quien nos pasó la siguiente
entrada de Wikipedia, que empezamos a traducir:
https://en.wikipedia.org/wiki/Antimatter_comet
Los cometas de antimateria y los meteoritos de
antimateria son cometas y meteoritos hipotéticos compuestos únicamente de
antimateria en lugar de materia ordinaria. Aunque en realidad nunca se
observaron y es poco probable que existan en algún lugar dentro de la Vía
Láctea, se ha planteado la hipótesis de que existan, y su existencia, suponiendo
que la hipótesis sea correcta, se ha presentado como una posible explicación de
varios fenómenos naturales observados a lo largo de los años.
Existencia hipotética
La hipótesis de los cometas hechos de antimateria se
remonta a la década de 1940, cuando el físico Vladimir Rojansky propuso, en su
artículo "La hipótesis de la existencia de la materia contraterrena",
la posibilidad de que algunos cometas y meteoroides pudieran estar hechos de
materia "contraterrena". (es decir, antimateria).[1] Tales objetos,
afirmó Rojanski, (si es que existieron) tendrían su origen fuera del Sistema
Solar.[2] Él planteó la hipótesis de que si hubiera un objeto de antimateria en
órbita en el Sistema Solar, exhibiría el comportamiento de los cometas
observados en la década de 1940: a medida que sus átomos se aniquilaran con la
materia "terrestre" de otros cuerpos y el viento solar, generaría
compuestos volátiles y sufrirían un cambio de composición a elementos con masas
atómicas más bajas. Partiendo de esta base, propuso la hipótesis de que algunos
objetos que habían sido identificados como cometas pueden ser, de hecho,
objetos de antimateria, sugiriendo, basándose en cálculos que utilizan la ley
de Stefan-Boltzmann, que sería posible determinar la existencia de tales objetos
dentro del Sistema Solar observando sus temperaturas. Un cuerpo de antimateria
sometido a niveles normales de bombardeo meteórico (cifras de la década de
1940) y que absorbiera la mitad de la energía creada por la aniquilación de
materia y antimateria normales, tendría una temperatura de 120 K (−153 °C) para
las cifras de bombardeo calculadas por Wylie o 1200 K (930 °C) para los
cálculos de Nininger.[3] En la década de 1970, cuando se observó el cometa
Kohoutek, Rojanski sugirió nuevamente la hipótesis de los cometas de
antimateria en una carta en Physical Review Letters, y sugirió que se hicieran
observaciones de rayos gamma del cometa para probar esta hipótesis.[1][4]
La hipótesis original de Rojansky de 1940 era que tal
vez los únicos cuerpos dentro del Sistema Solar que podían ser antimateria eran
los cometas y los meteoritos, siendo casi seguro que todos los demás eran
materia normal.[5] La evidencia experimental recopilada desde entonces no solo
ha confirmado esta restricción, sino que ha hecho que la existencia de cometas
y meteoroides de antimateria reales parezca cada vez más improbable. Gary
Steigman, profesor asistente de Astronomía en la Universidad de Yale, observó
en 1976 que las sondas espaciales habían demostrado, por el hecho de que no
fueron aniquiladas por el impacto, que cuerpos como Marte, Venus y la Luna no
eran antimateria. También señaló que si alguno de los planetas o cuerpos
similares hubiera sido antimateria, su interacción con el viento solar
terrestre y la gran fuerza de las emisiones de rayos gamma que habrían
resultado [a] los habrían hecho fácilmente perceptibles desde hace mucho
tiempo. Señaló que ni siquiera se habían encontrado rayos cósmicos de
antimateria, ya que todos los núcleos encontrados en los estudios habían sido
uniformemente terrestres, los datos experimentales en varios estudios
realizados desde 1961 en adelante por varias personas excluyeron la presencia
de una composición fraccionada de antimateria de rayos cósmicos cualquier mayor
que 104 del total. Además, la naturaleza
uniformemente terrestre del flujo de rayos cósmicos indica que en ninguna parte
de la Vía Láctea hay fuentes de elementos de antimateria más pesados (como el
carbono), ya que (aunque no está probado) es una suposición probable que representan
el total. composición de toda la galaxia. Son representativos de la galaxia en
su conjunto, según la lógica, y dado que contienen carbono terrestre y otros
átomos, pero no se ha observado que contengan átomos de antimateria, por lo
tanto, no hay una fuente razonable para los cometas, meteoroides o antimateria
extrasolares. cualquier otro objeto de elemento pesado a gran escala que se
origine dentro de esta galaxia.
Martin Beech de la Universidad de Western Ontario
(Londres, Ontario, Canadá) se refirió a las diversas hipótesis y resultados
experimentales que sustentan la inexistencia de antimateria en el Universo.
Argumentó que cualquier cometa y meteoro de antimateria que exista debe ser (al
menos) de origen extrasolar porque la hipótesis nebular para la formación del
Sistema Solar excluye que sean solares. Cualquier antimateria en una nebulosa
de preformación o en un disco de acreción planetario tiene una vida
relativamente corta, en términos astronómicos, antes de aniquilarse con la
materia terrestre con la que está mezclada. Este tiempo de vida se mide en
cientos de años, por lo que cualquier antimateria solar presente en el momento
en que se formó el sistema habrá sido aniquilada hace mucho tiempo. Por lo
tanto, cualquier cometa y meteoro de antimateria debe provenir de otro sistema
solar. Además, los meteoros de antimateria no solo deben ser de origen
extrasolar, sino que deben haber sido capturados recientemente (es decir, en
los últimos 104 ~ 105 años) por el Sistema Solar.
La mayoría de los meteoroides se descomponen en
tamaños de 10 a 5 g dentro de ese período de tiempo, debido a las colisiones de
meteoroides contra meteoroides. Por lo tanto, cualquier meteoro de antimateria
debe ser de origen extrasolar en sí mismo o desprendido de un cometa de
antimateria que es de origen extrasolar. Es poco probable que los primeros
existan a partir de la evidencia observacional. Cualquier meteoroide extrasolar
tendría una órbita hiperbólica, pero menos del 1% de los meteoroides observados
la tienen, y el proceso de perturbación de los objetos solares ordinarios
(terrestres), por encuentros planetarios, en trayectorias hiperbólicas explica
todo eso. Beech concluyó que un resultado nulo continuado, sin embargo, no
constituye una prueba ("La ausencia de evidencia no es evidencia de
ausencia", M. Rees) y una sola detección positiva niega los argumentos
presentados.